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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://phosphorus.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>phosphorus</title><description>sexo, anarqu&#xED;a y prozac</description><link>https://phosphorus.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Cachorro...</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/052701-cachorro-.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/052701-cachorro-.php</guid><description><![CDATA[Cachorro, ojos de cachorro olor de inmensidad, gloria. Breve. Eterno. Phosphorus rotunda ha terminado sacrificada en la hoguera en pos de la escisión de transferencia. <br /><br />Sobre la tabla de sacrificio, el sacerdote pone en alto el puñal con una sola ráfaga que los gatos observan desde lejos. Después de un punto helado, lo baja sin violencia hasta rozar el pecho de la invirgen que gime, que deja correr lágrimas por sus mejillas encallecidas por tanta bofetada.<br /><br />El hombre es breve, casi alado, en desconsuelo. Revolotean hadas y temblores en torno a su daga, que hiere la carne y la atraviesa, quiebra la dureza del empaque sin derrotas. Retira el arma y mira la sangre que corre algún trecho y cae suspendida en el inventario de su propia historia que ni él ni ella pueden entender en realidad.  Se licua en lágrimas y ahora es esencia de victoria y sigue ardiendo. Desde luego  no ha triunfado Phos, pues su disección pretende por primera vez en mucho tiempo, la transformación de celdas en líneas, en proyección. La aniquilación se resiste en un nuevo Jesús. <br /><br />Crucificada, inhala el paraíso de su olor y se apodera de él. Ya no lo tiene como carcelero encadenado ahora se entrega a ese algo que está entre el cuerpo y la gloria, ese algo inexplicable que la transforma al menos en es momento en una cosita verdaderamente fuerte, feliz.<br />]]></description><pubDate>Sat, 27 May 2006 00:26:00 +0000</pubDate></item><item><title>F&#xE9;mina infame</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/032703-femina-infame.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/032703-femina-infame.php</guid><description><![CDATA[Ser mujer puede resultar una condición infame. Por ejemplo, si te embarazas (te embarazan), pues, si tienes el bebé... primero vomitas, luego engordas, luego pares, luego crías y ves descender estrepitosamente tus senos y, si a él le da la gana, ni te vuelve a ver, todo esto luego de hacerte sentir mierda.<br /><br />Y si no lo tienes, tú eres la que tiene que aguantar que te crucifiquen en una cama de cirugía, te despatarren y te diseccionen sin heridas. Tú eres la que tiene que aguantar dolores, estragos y hasta infecciones secundarias; tú, la que tienes que tomar la decisión. Y luego, él puede venir y decirte que, si no hubieras abortado, él sería ahora mucho más feliz y su vida no se hubiera arruinado por la pena.<br /><br />Ya, lo admito, soy cursi y sigo pensando que aún hay buenos tipos y matrimonios felices. Pero, seamos realistas, es mucho más fácil para ellos hacerse los giles o cansarse y olvidarse a los pocos meses. ¿Quién tiene que cargar siempre y por siempre con el peso de la decisión que se tome? La mujer.<br />]]></description><pubDate>Mon, 27 Mar 2006 01:00:00 +0000</pubDate></item><item><title>Medianoche</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/032702-medianoche.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/032702-medianoche.php</guid><description><![CDATA[Hoy lo he hecho. Tras tiempo de desearlo, por fin lo he hecho. Solo entré y lo pedí. Un hombre poco atractivo se encargó de todo y ahora sí soy la mala perra desdichada de cabellos rojos que camina por la ciudad. Ultrajada, vendida, humillada y nuevamente erguida, de pie, sostenida por las largas piernas, más largas todavía por los tacones altos y las medias de látex. Delgada, caderas inconmensurables, vello cortito en la entre pierna, corsé, busto altivo a pesar del ajetreo del pasado. Las ojeras se marcan dos veces con la sombra. El cabello brilla en su lacio perfecto. El vestido negro, recto, sin mangas, simple se ajusta al cuerpo que late con la fuerza de la vida que no se reserva nada. Una mantilla de red muy abierta envuelve las caderas sin ninguna intención de disimularlas y se sujeta con un diminuto prendedor rojo a un costado del pubis. Todo el mundo pregunta de qué es. Todo el mundo lo ve.<br /><br />He sentido los tacones golpear sobre los charcos y la mirada de los hombres posarse en mi extraña combinación. He tenido nuevamente ánimos de correr por las calles. Amo la medianoche para andar sola, para dejar hacer a la imaginación ajena. Y ya no tengo miedo. No cover. Y luego siempre habrá quien invite dentro. Basta con descalzarse los espejuelos y decidir a quién para tenerlo en diez minutos a tu lado, hablándote al oído so pretexto de la música tan alta. Murmura algo y chasquea su lengua mientras le tiemblan las piernas y no sabe como disimular su erección a la precisa altura de tu rostro (nunca lo invites a sentarse). <br /><br />Se arrodillará a tu lado y suplicará con su boca que habla tonterías que lo beses, que lo penetres con tu lengua venenosa, que lo contagies, diabla. Déjalo acercarse y luego voltea tu cara para que su lengua tenga que resignarse con lamerte la oreja y temblar a tu lado. Chasquea. Bésalo. Buena perra, buena perra que no quiere que él se sienta tristecito, el gil que cae A los hombres les gusta pensar que han sido irresistibles.<br /><br />Levántate a bailar. Deja que tu mantilla se enrede con sus botones cuando él te abrace y te muerda el cuello en el afán de poseerte. Sueña que pude tirarte ahí mismo, levantándote en vilo y penetrándote de pie mientras bailan en medio de la gente. Intentará alzarte agarrándote las nalgas. Sus dedos buscarán meterse con violencia a donde no ha sido llamados todavía. <br /><br />Cae en cuenta del enredo en que te has metido y oblígalo a ayudarte. Haz que él te libere zafando delicadamente los botones de su bragueta para que tu red se extienda y cubra el frente de tus piernas. Luego bésalo para que sepa que puede seguir encarcelado en tu pubis velado. Aléjense de la pista. Pasen primero por la barra. Gin tonic, por favor.<br /><br />Y otra vez soñará, esta vez en que te acuesta en el largo tablón en el apoyas tu codo mientras bebes. Él reirá si ya te ha penetrado para cuando le hayas preguntado qué pasa. Si no, suspirará, cerrará los ojos y mirará la barra. Ríe, cruza las piernas y deja ver el liguero que sostiene el látex con más látex. Le temblará la mandíbula inferior al darse cuenta. Posará su mano sobre tu rodilla enguantada. Gozará de sentirla, acariciará y subirá un poco tu falda para sentir la piel pura que sospecha atrapada entre la ropa. Detenlo. Baja tu falda. Volverá a alzarla. ¿Sigo?, preguntará si se arriesga. Voltéate sin responder, baja del taburete y camina moviendo las caderas mientras apuras el resto de tu agua tónica con ginebra. Deja el vaso en algún lugar y espera a sentir sus brazos envolviéndote y sus dientes raspando tu cuello, mientras hace a un lado tu cabello rojo con su nariz.<br /><br />Siempre hay un buen rincón en que colocarse y aprovechar la semioscuridad para dejarlo hacer en tu tanga abierta, rodeado de látex, envuelto en humo, en medio de las risas y los gritos de la gente que los mira sin mirarlos. Bien húmeda, suelta uno por uno los botones de su bragueta y déjalo que se expanda ya sin límites forzosos. Ábrele el camino y permite que se sacuda hasta que ambos se rieguen desesperados en el clímax.<br /><br />Phos me alegra que te haya servido.<br />]]></description><pubDate>Mon, 27 Mar 2006 00:57:00 +0000</pubDate></item><item><title>Equis</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/032701-equis.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/032701-equis.php</guid><description><![CDATA[Dejas que te mire y me extasíe en tu deseo, hasta que no resisto más la tentación y debo arrodillarme junto a ti para sentirte con mi boca palpitante, para que mi lengua empiece por rozarte la puntita y tu pija crezca para hundirse entre mis labios. Seguir chupando hasta obtener mi recompensa, succionarte mientras mi lengua le da vueltas<br /><br />Pero me empujas con violencia y me tiras sobre la cama. Seguramente lo has pensado muchas noches soñando despierto en mi cuerpo y mi deseo. Por eso te has desnudado en espectáculo sexual y has trabajado mi ansiedad con tu imagen viril.<br /><br />Abres un cajón y tomas sogas rudas, gruesas, viejas Me atas y no soy ya más que una equis a tu servicio sobre la cama, mis brazos y piernas bien estirados para que me domines y me destroces. Te dejo hacer con la promesa de que me comerás la concha hasta la muerte antes de penetrarme con violencia. Es un juego cómplice de placeres.<br /><br />Lames y cumples. Primero, chupas a full mis tetas. Después me la chupas a muerte. Juegas con placer provocador. Me pruebas apenas, me miras, aprietas mis pezones hasta causar dolor . Ahora ya tu lengua se sumerge en mí, entra y sale no resisto más y tú lo sabes: me la muerdes. Grito de placer y te veo dichoso sobre mí, listo para penetrarme con mucha violencia, hasta el fondo, sin contemplaciones. Siento como tu pelvis se estrella con la mía y me tocas adentro, adentro con tu verga. Golpeteo que no cesa, me tienes a full, completamente inmóvil, inútil. Recostado sobre mí, absolutamente tradicional y único al mismo tiempo.<br /><br />Acabas con un gemido que me acompaña como un eco de los míos. Descansas y fijas tus ojos en los mis pupila brillantes y temblorosas. Ríes y me abandonas. Luego vuelves y me pegas en los senos. No tengo conciencia de qué usas; delgado seudolátigo produce un ardor extraño en mis pezones erectos por el puro placer. Te montas sobre mí y dejas que te chupe nuevamente. Tus movimientos que presiento más que veo parecen ser parte de un ritual ansiado. Gozo de tu forma, de tu placer en mi boca. Te riegas sobre mi rostro. Mi piel se eriza al saberte sobre mí, triunfal. Siento, entonces, tus manos y tu cuerpo, tu boca mordisqueándome, tus dedos se resbalan en la humedad de mi entrepierna, se demoran sobre mi clítoris y luego se deslizan para entrar a donde ya has estado y has dejado tu leche mezclada entre mis jugos.<br /><br />Te mueves cerca de mí, depredador. A veces te acercas y me gusta sentir ese ardor de la presión de tus dedos en mis tetas. Puedo imaginar las marcas que dejas en mi piel con todos los recursos a tu alcance, pero sobre todo con tus manos que estrujan y tus dientes agudos. Gimes mientras me penetras a golpes nuevamente.<br /><br />Siento mis ataduras tensionarse cuando me sacudes. Terminas por zafarme solo para verme derrotada y darme la vuelta. Entonces no resistes el deseo de romperme por detrás, de entrar en mí por otro lado hasta hacerme sangrar y gritar desesperada de placer. Ya no te queda casi fuerza, pero quieres mirar mi sangre mezclada con tu semen chorrear de mí. Te rindes. Me empujas y me volteas para metérmela en la boca y afobetearme. Sientes mi boca devorarte, mientras cierro los ojos. Devorarte. Succionarte. Lamerte. Morderte. Desesperada mientras me ajustas a ti tomándome del cabello. <br /><br />Sí así hermosa. Tu grito atraviesa el silencio de la medianoche.<br />]]></description><pubDate>Mon, 27 Mar 2006 00:53:00 +0000</pubDate></item><item><title>Fr&#xED;o</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/032402-frio.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/032402-frio.php</guid><description><![CDATA[Has llegado tarde del trabajo y te has limitado a responder mi hey, chico con un rocecito en los labios y un qué haces. Has pasado de largo y te has puesto a preparar todo para seguir trabajando. Uy, cansadísimo, qué día. No quieres un café; has tomado uno hace un momento porque te has juntado con tu viejo bla, bla, bla.<br /><br />Te miro en el ritual: sacarte la chaqueta, sentarte ante la computadora y encenderla, abrir los programas, todos la mismo tiempo y, desde luego, el Messenger. Por si acaso, aunque siempre lo tienes en ocupado. Cómo odio eso cuando te veo desde otro punto de la red.<br /><br />Te concentras y yo sigo mojando las ganas en un jarro grande de café caliente que me enciende más. Miro tu espalda y exclamo al borde del enfado: ¿Qué hago? ¿Me saco la ropa o te paso una cerveza? Sin inmutarte, volteas y sonríes: Sacate la ropa y traeme una cerveza, que la vuelco en tu piel y la tomo lamiéndote toda. ¿Te parece?<br /><br />Sueno a reto eso. Lo sabes. Y sabes que no resisto los retos. Sin embargo, sueltas una carcajada y miras solo tu computadora. Me arde. Tomo un trago de café y te miro: traes buzo, remera térmica y jeans. Me veo con mi blusa de hilo, mi sacón de lana y la lycra en los ochenta la habríamos llamado pantalón chicle. Sobra ropa porque sobra frío, el frío que amenaza irremediablemente invierno.<br /><br />Necesitas calorcito tú. Puede ser, respondes, y sonríes sin mirarme. Camino hacia la cocina y tomo una cerveza helada de la refri. Me quito la ropa y no puedo evitar que los vellitos se me ericen. Regreso hasta ti y me siento a horcajadas sobre tus piernas para que tus ojos se vean obligados a posarse en mí y abandones el maldito cliquear sobre el ratón. Ya no podrás evitar prestarme un poquito de atención, una boca deliciosa y unas manos de largos dedos. Yo te presto mis manos y luego te atrapo y te empierno más que abrazo. <br /><br />Agarras la cerveza y la riegas sobre mi pecho; dejas que resbale sin separar tu mirada de mis ojos. Frío como un témpano, exclamo con la voz cortada por la sensación térmica en mi piel. Tú la trajiste así, sonríes. Tú, no la cerveza.<br /><br />Pero empiezo a sentir que te tensas. Me miras y tragas. He conseguido que los pantalones se te estrechen y tus ojos se vuelvan manos al recorres mi pecho. Ahora puedo acercarme a ti y lamerte el cuello, subir hacia tu oreja y lograr que me mires. Entonces, te beso y me pego a tu pecho para que sientas como se levantan mis pezones al rozarte.<br /><br />Me mojo y necesito que me toques. Siento tus manos en mis senos, deslizándose hacia mis caderas. Sé que te gusta tocarme, acariciarme despacito y besarme. Besa mi cuello, me encanta que lo hagas. Riegas más cerveza sobre mí y la recoges con tu lengua para devolverme al calor. Muerdes mi pecho y me tiras al suelo. Me deshago en deseo. Te he estado esperando. Me riegas de cerveza. Sería mejor champaña, las burbujas hacen cosquillas, te digo. De las cosquillas me encargo yo, perro hermosa, contestas. Y me recorres.<br /><br />La ropa desaparece de tu cuerpo perfecto, casi perfecto pancita de cerveza. Río al verte e insisto: Ya estamos viejos. Me penetras con sabiduría. Gimo pasiva debajo de mi hombre. Hoy, ¡ay!, tan imposible.<br />]]></description><pubDate>Fri, 24 Mar 2006 23:50:00 +0000</pubDate></item><item><title>"Te amo"</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/032401--te-amo-.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/032401--te-amo-.php</guid><description><![CDATA[Ella, de pronto, ha tomado mi mano. Ha sido un movimiento rápido, hasta cierto punto, violento. Ha rodeado con sus dedos largos mi muñeca, que, solo al verla atrapada por esas frágiles manos blancas, reconozco como delgada. Acerca sus labios a mi oído y exclama como si acabara de descubrir el origen de Dios: Memento<br /><br />Puedo sentir su aliento cálido cuando ríe. Miro mi propia mano y comprendo. Ante mi inutilidad para recordar las cosas, he anotado sobre la tabaquera anatómica (aquel huequito que se forma en la base del pulgar y debes usar para colocar la dosis que vas a aspirar) las fechas en que debo tomar el medicamento. Cada mañana, luego de secarme con topecitos suaves, como si de verdad cuidara un tatuaje fresco, tomo el rotulador y repaso los trazos de los números que debo controlar para que el fármaco me controle. El psiquiatra, al verlos, me ha preguntado por qué los cuido con tal esmero<br /><br />Memento. Volteo mi cara y nos vemos frente a frente; ella sostiene su sonrisa. Luego me suelta y toma con esos mismos dedos pálidos la copa de vino tinto que descasa sobre la mesa. Su nariz se dilata, sus labios se mojan. Seguimos charlando sobre cine. <br /><br />.<br /><br />De madrugada. Un impulso. Una locura. Una venganza. Lo he llamado y se ha negado a salir conmigo otra vez. Le he anunciado sin más que en ese caso iremos hasta su departamento. Ha reído y respondido: Un ratito, si quieren.<br /><br />Volteo mi auto y me estaciono despreocupadamente sobre la vereda. Tomo el teléfono y lo llamo de neuvo. Una voz dormida me contesta. No me ha creído capaz, pero acá estamos y traemos una botella de vino tinto. Se lo digo mientras caminamos ya hacia la puerta del edificio. El guardia duerme y las dos nos deslizamos silenciosas hasta el ascensor. Piso 1. Son solo unos pasos hasta su puerta, nos mantenemos en pie y mi dedo atina el botón que acaba de despertarlo con el timbre. Abre la puerta con la frente arrugada. Me mira. La mira. Nos mira en un solo cuerpo que se atrapa en besos por su demora.<br /><br />Nos hace pasar. Ella le ofrece la botella de vino para que la descorche. Él sonríe con cierto recelo. Se sirve un poco en un vaso y nos ofrece dos iguales. Nosotras hemos entrado a su habitación mientras él forcejeaba con el corcho y ella se ha tirado en la cama, riendo, acusándose de estar totalmente borracha y extrañamente poco frígida. Crucificada, puedo acariciarla con la punta de mis dedos. Me sorprende ese aspecto de figurilla de porcelana, tan breve, tan frágil, tan flacucho, andrógino. Deslizo mi mano por debajo de su blusa de encaje y la subo para convencerme de su feminidad en talla A. Siento su presencia en el marco de la puerta, pero prefiero ignorarlo como él me ignora todo el tiempo.<br /><br />La contemplo y le quito el bolso que sostiene con una de sus manos. No podía faltar entre sus cosas el pequeño aunque ardientemente agudo bisturí de los ojos, como le gusta llamarlo. Al verlo, siento que me reflejo en él, que la luz me traviesa en su filo, que, si lo necesito, me cortara la yugular sin dilaciones para un perfecto desangramiento. Ahora lo miro, y soy yo la que contempla su propia anatomía en el filo mis labios tiemblan Empuño la diminuta arma y susurro en sus oídos: Memento. Tatúame, responde Mi mano presiona el instrumento que, tras ligera resistencia, abre su piel en un tajo delgadito que se enrojece por la sangre. Me asusta un poco mi propia absurda venganza sobre su carne inocente. Miro su rostro y ella sonríe con un suspiro. Lamo su sangre con la punta de la lengua. Mis dedos aflojan su pantalón y me bajo de la cama en un movimiento que a él lo ha desconcertado. Es un ruido inusitado el quebrarse del vaso al golpear contra la pared. Él ríe y recoge los trozos de vidrio mientras comenta estúpidamente sobre las estrategias para sacar una mancha de vino de la alfombra.<br /><br />Me mira. Me desnudo y él no puede evitar ese temblor que le hace morderse los labios mientras el ligero boxer que lleva se tensa más de lo debido. Me volteo y halo el pantalón de ella para dejarla abierta y húmeda en sus leves braguitas turquesa. Zafo el sostén casi infantil de mi mujer y recojo el bisturí mientras ella guía mi mano armada por el contorno de sus pezones. Lo siento respirar entre excitado y asustado a mis espaldas. La beso y su sangre se pega a mi piel. Nos confundimos en un abrazo de manos ardientes. Ella acaricia mis caderas y, cuando mi boca corre por su cuello y mi mano acaricia su cabello corto, la escucho: Oh, baby, ahora entiendo porque te obsesiona este maricón.<br /><br />Él se masturba a mis espaldas mientras sostiene con la otra mano los trozos del vaso estrellado. Lo enfrento: Te gusta. Él se acerca para besarme y sus manos sucias de vino tinto ensucian mi pecho ya manchado por la sangre de ella. Ha soltado los vidrios con descuido y me ha tirado a la cama. Ella se sienta y nos mira, con esos ojos que atraviesan. Mientras él se deshace con su respiración entrecortada en tocar mis senos y chuparlos, ella reconstruye el vaso roto y me mira sonriente. Se levanta y regresa con la botella. Vuelve a juntar los pedazos y se para a nuestro lado con su leve peso sobre el colchón. Riega el licor en el vaso de piezas que sostienen sus dedos como poco antes habían sostenido mi muñeca. El líquido cae sobre la espalada de mi amante y él para sobresaltado.<br /><br />Cuando voltea a ver, ella suelta el vaso sobre la cama y brinca y grita con una locura que no esperaba de su brevedad de cristal de bohemia. Él le agarra una pierna. Ella para y se acerca. Yo me he sentado y lo puedo sostener por detrás. Ella lo mira. Lo examina sin recelo. Asiente con la cabeza como si observara una escultura de algún estudiante de arte. Se arrodilla y cierra los ojos. Sé que se lastima las pantorrillas con los trozos de vidrio. Más cicatrices a sus piernas.<br /><br />La empujo para que se recueste, para que libere el peso sobre el vidrio. La beso y ella se deja hacer con un calor inusual en su boca. Le lamo la piel y la recorro. Él trata de separarme, retira los trozos del vaso y los deja sobre la mesa de noche. Quiere parar y no puede. Un instinto básico que no controla lo obliga a seguir creciendo y enrojeciendo. Al final, mientras me dedico a beber de la humedad que se detiene en los rubios vellos del pubis ajeno, él solo dice con una voz desesperada: Necesito culiarte. Se coloca detrás de mí y moja sus dedos hundiéndolos en mi vagina lubricada. Conduce la humedad entre mis nalgas y me penetra con sus dedos largos. Siento su peso cuando sube a la cama y siento su fuerza cuando empieza a entrar en mí. Duele, es rápido, es violento, no me ha dado tiempo de pensarlo. Gimo. Ella lo mira y le arroja algo al rostro mientras ríe: Le quitas la concentración. Él la acompaña con una carcajada mientras me rompe y es mi sangre la que corre. Me incorporo. Él me abraza. Ella me besa los senos y escribe con su bisturí sobre mi piel: Te amo.<br />]]></description><pubDate>Fri, 24 Mar 2006 23:49:00 +0000</pubDate></item><item><title>Desesperaci&#xF3;n, vac&#xED;o, regreso</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2006/022701-desesperacion-vacio-regreso.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2006/022701-desesperacion-vacio-regreso.php</guid><description><![CDATA[pensé que nunca volvería... pero acá estoy de vuelta. A la vieja logia (hoy más fiel que el servidor que "es mejor, tiene mayor soporte"). <br /><br />Diablo de servidor o de cualquier servidor... XD<br /><br />Ya me hacía falta escribir algo... empezaré a mudarme (otra vez, ahora desde phosphorus.bitacoras.com) y mantendré una copiecilla de seguridad... así no me desespero por estar lejos de ustedes. Por cierto... gracias por escribir.<br /><br />(qué feo post aclaratorio)]]></description><pubDate>Mon, 27 Feb 2006 06:27:00 +0000</pubDate></item><item><title>Dia de mudanza</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/102401-dia-de-mudanza.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/102401-dia-de-mudanza.php</guid><description><![CDATA[me mudé a phosphorus.bitacoras.com<br /><br />los veo por allá.]]></description><pubDate>Mon, 24 Oct 2005 17:32:00 +0000</pubDate></item><item><title>hoy tengo otras ganas</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/102101-hoy-tengo-otras-ganas.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/102101-hoy-tengo-otras-ganas.php</guid><description><![CDATA[De quesos, pues con vino, sigo prefiriendo los maduros. Pero vamos a ver que buenos pueden quedar los tiernos en otras circunstancias. Un sánduche mixto es mejor con tierno que con maduro, por ejemplo. Y que a nadie se le ocurra servirte un trozo de Probolone con unos choclitos cocinados. A los bizcochos, los de hoja... En fin, cada cosa es cada cosa y en quesos, todo es rico, riquísimo.]]></description><pubDate>Fri, 21 Oct 2005 07:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>Reprimida en el tiempo</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/102001-reprimida-en-el-tiempo.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/102001-reprimida-en-el-tiempo.php</guid><description><![CDATA[Me he descubierto absolutamente silente. Me duele. Busco hablar y no puedo. Por lo menos no siempre. Por eso me gusta hablar con vos o con el dcm, porque se dejan hablar.<br><br>Tic Toc dice: Umm. Lo siento. Me gusta oírte. Me encanta hablarte. Hazlo. <br><br>Pues, nada, hermosa. Hoy me siento tres veces más silenciosa. Y he vuelto a mentir.<br><br>Tic Toc dice:  ¿A quién has mentido? ¿Al psiquiatra?<br><br>No, a él no. Ni a mi amante.<br><br>Tic Toc dice:  ¿A vos?<br><br>Te he mentido a vos, le he mentido a la otra, le he mentido a mi familia. Quizá me he mentido a mí, pero no he logrado convencerme. ¿Notaste que llegué tarde al diario esta mañana?<br><br>Tic Toc dice: ¿CÓMO NO NOTARLO MUJER? No pregunté, lo siento.<br><br>Mejor, así te mentí menos.<br><br>..<br><br>Fui al psicoanálisis. Fui a dejar algo en La Mariscal, por trabajo. Regresé por la Seis de Diciembre y me quedé por ahí más de una hora. En su casa. Con él.<br><br>Tic Toc dice: JAJAA. Y para qué no cuentas. CARAJO<br><br>Por gil, porque me silencié, porque me mentí y mentí por eso. Porque no me atrevo a admitir que me humillo masoquistamente y dejo que él se masturbe y luego trapee el piso sucio de su semen con mi cabeza. Porque me siento perra, pero no me arrepiento. Fue bueno. Sentí que si no tenía sexo hoy mismo me iba a dar algo.<br><br>Tic Toc dice: ¿A quién mientes?<br><br>Entro en conflicto porque sé que no quiero más que eso. Pero sé que o bajo perfil o presión endiablada y tormentosa de mi familia. Y no quiero ni lo uno ni lo otro. Solo quiero tener mi amante y punto. Salir con él. Verlo sin tener que meter paros locos para hacerlo. Y tengo que llamar al ginecólogo para hacer una cita y empezar a usar anticonceptivos. Porque sé que voy a seguir tirando como loca. Porque lo necesito. Creo que soy ninfómana<br><br>Pero esta vez fue como esas primeras veces en que todo era mejore. Cómo que fluyó bien la cosa de previas, de amigos. No fue solo full sexo.<br><br>Tic Toc dice: Ummm. ¿Y de ahí le vas a querer?<br><br>No sé. De hecho, lo quiero. Lo quiero, pero no quiero un gran compromiso con él. ¿Cachas? Esa es la presión No se puede solo querer para abrazarlo después del sexo. Se tiene que querer (o no querer) para presentarlo a la abuela.<br><br>Tic Toc dice: NO HAY QUE CASARSE MUJER. Digamos que la parte importante de casarse... es estar ya aburridos. Y tú ya tienes las cosas que necesitas... tu hija por ejemplo... ¿para qué apurarse amando a un maridito cualquiera? El próximo tiene que ser un tipo MAGINÍFICO...!<br><br>Por eso a mí me hace sentir superbien esta relación cojuda de buen sexo y ratos de cariño con un tipo que no quiere nada más. Pero eso no es políticamente correcto y el resto no suele entender. Creo que ni siquiera él.<br><br>Tic Toc dice: POR LO PRONTO NO HACE FALTA QUE ENTIENDA. NO TE TORTURES. LA VERDAD ES APÁTICA. Nadie quiere saberla. ¡AMOR MÍO! Te beso mucho.<br><br>Y yo a vos, muchachita.]]></description><pubDate>Thu, 20 Oct 2005 01:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Urgencia</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101801-urgencia.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101801-urgencia.php</guid><description><![CDATA[Qué día tan burdo. Ya estoy harta. Solo quiero sentir una bielita en boca. Cerveza rubia hoy tengo ganas de rubias. O una copa de vino, aunque suene snob. <br><br>Si soy realista, me tomaría una tella de vino... me pondría bien cargosa, luego alegre, luego horney, luego bien amarga, y me iría a dormir llorando. Este tipo me está matando los buenos sentimientos. YA ESTOY AL BORDE... AHORA TODO ES PERFCTo... ¡porque lo odio! Un día sí, otro no... es perfecto... ¡Es un sino!<br><br>Necesito a alguien, de urgencia, que me tome en serio, me quiera un poco, me coja con gusto en cualquier potrero o gallinazo... y que me vaya a dejar en mi casa en calidad de bulto y me llame temprano a ver como amanecí.<br><br>Hoy estoy cargada de lugares comunes.]]></description><pubDate>Tue, 18 Oct 2005 21:29:00 +0000</pubDate></item><item><title>Globalizaci&#xF3;n</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101701-globalizacion.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101701-globalizacion.php</guid><description><![CDATA[Percibo cierto esquema perverso en todo esto. La distancia se rompe del mismo modo que hace 500 años, cuando los españoles se tiraban indias del Nuevo Mundo y suspiraban en sus cartas por sus damas peninsulares. Solo que ahora es más rápido y yo puedo masturbarme al mismo tiempo que tú lo haces, mientras veo tu Movistar Interactivo en mi correo-e, y leo y respondo mensajitos instantáneos de Messenger o disfruto de nuevas fantasías alimentadas en diálogos multilaterales de bloggers.]]></description><pubDate>Mon, 17 Oct 2005 07:53:00 +0000</pubDate></item><item><title>Sorpresa de vacaciones</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101601-sorpresa-de-vacaciones.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101601-sorpresa-de-vacaciones.php</guid><description><![CDATA[Miro tu carita de bebé desconcertado. ¿No me esperabas? No, lo sé. Y tu mirada, primero, recorre mi cuerpo y luego vigila el corredor que conduce tanto a tu habitación como a la de tu madre. No puedo resistirme y te abrazo, para que sientas mis pechos enardecidos junto a ti. Luego te beso los labios con un roce que te hace estremecer. Tus brazos envuelven mi cintura y tus manos se ajustan para no dejarme escapar. Arrimo mi cabeza a tu hombro y me mantengo muy junto a ti. Tu respiración se agita inesperadamente y noto cierta tensión en todo tu ser que te delata. Mi lengua recorre tu pabellón auricular desde el borde externo y se hunde hasta que suspiras. Sale por abajo y mis dientes se cierran suavemente en tu lóbulo. Ríes. Mis brazos te sueltan y mi abrigo cae el piso. Tú lo empujas con el pie hacia adentro y cierras la puerta que aún dejaba pasar la luz del hall y permitía que el ascensor se deslizase detrás nuestro. Nos besamos con desesperación de tiempo y ausencia, me tiras sobre algún mueble que no reconozco.<br><br>Vamos, hace frío aquí. Cierto, se siente el viento del final del invierno filtrándose por algún rincón. Te levantas de sobre mí y me tomas de la mano. ¿A dónde vamos? A tu cama, de manera muy poco disimulada, sin que tu madre deje su acompasada respiración. Mi blusa se resbala. Y deja ver mi hombro oscurecido por los rayos de la mitad del mundo, que contrasta con la piel casi virgen de sol de mis senos descubiertos. <br><br>Esa cama me excita y ahora estoy en ella. Tus manos me recorren y me liberan de la ropa. Abro los ojos al sentir que te apoyas nuevamente contra mí y siento tus calzoncillos estirados. Ya no llevas nada más. Mi pelvis te siente y se deshace en deseo. Mi vulva se deshace en deseo.<br><br>Quiero metértela ahora. Dale, solo basta que lo hagas, que arrases conmigo, que me la metas profundo, despacio, pero con esa certeza del placer descontrolado. Me penetras mientras acaricias mis senos. Que bien se siente dentro tuyo. Me miras y ves mi placer que hace que tiemble mi mandíbula. Ves mi placer que hace que mis senos crezcan y se entreguen a tus manos. Los aprietas. Te gustan y juegas con ellos. Tus manos los atrapan por completo y eso completa las sensaciones que me da tu miembro dentro de mí.<br><br>¡Qué hermosa!, exclamas mientras te mueves en mi interior. Tengo que preguntarte: ¿Cómo me ves ahora? Te veo inmóvil, atrapada, pero a la vez moviéndote alrededor mío en toda esta habitación. <br><br>Casi te habías olvidado de mi boca, pero me besas de nuevo y tu lengua me invade. No falta mucho para que explotes, lo estás haciendo bien. Muevo mis caderas a tu ritmo para que el contacto sea más intenso. Siento mi clítoris al máximo y te rozo con cada punto de mi feminidad. Dale, un poco más. Y terminamos en un gemido infinito de placer. Te sueltas dentro de mí con toda tu fuerza. Te abrazo con fuerza. Quiero mantenerte dentro de mí. No acabas de vaciarte.<br><br>Me besas. Estás hirviendo, susurras. Por el placer de sentirte, de sentir tus manos y tu lengua, sentir tu pija aniquiladora. Acabas conmigo... me derrumbo de placer entre tus brazos. No puedo más... tus manos... tu pecho, tus piernas. Todo lo que me roza me desquicia. Te deseo tanto que el orgasmo no acaba nunca a tu lado.<br><br>Ni bien recupere fuerzas, lo hacemos de nuevo, comentas mientras apoyas tu cabeza en mi hombro y te achicas dentro de mí. Sí, lo haremos hasta que me entregues todo lo que tienes dentro. Quiero que te quedes en mí, descanses sobre mí y me lamas el rostro. Quiero acariciarte todo el cuerpo.]]></description><pubDate>Sun, 16 Oct 2005 07:54:00 +0000</pubDate></item><item><title>Familias y especies</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101501-familias-y-especies.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101501-familias-y-especies.php</guid><description><![CDATA[Mira: la cosa es química. Yo conozco a alguien y sé qué va a terminar siendo (al menos desde lo que se supone en mi deseo). Puedo vomitar a los diez minutos de soportar su estupidez. Wlac, no vuelvo a verlo. Lo conozco y lo encuentro agradable, gracioso, me la paso bien cuando charlamos. Jaja, cerrará su descripción. A otro puedo verlo y no escuchar sus palabras más que como un eco bajo el agua, mirar sus movimientos en cámara lenta y analizar sus detalles. Mmm, ñami, ñami, si no me acuesto con él en quince días, me declaro minusválida.<br><br>Mas esas no son todas las especies catalogadas en mi inventario que divide al mundo en dos grandes familias: cogibles e incogibles. Las primeras dos descritas corresponden al último gran grupo. A los unos hay que aniquilarlos y ya se encargará de eso la naturaleza por su alta estupidez, y a los otros dejarlos como reserva para cuando te sientas demasiado sola, para tener a quien contarle las penas.<br><br>Pero la segunda familia, esta de los cogibles, tiene también dos especies bien delimitadas. Acerca de la una se esboza la teoría de que desciende de los Wlac evolucionados favorablemente en su estructura exterior para lograr sobrevivir con el favor de su sin-hueso a pesar de su calidad de vertebrados. <br><br>Y la segunda especia de los cogibles incluye a aquellos que rompen el esquema de tres grados de sexualidad y se cree que son fruto de un extraño cruce entre los simpáticos amiguis de reserva y el feroz ñami invertebral. Se trata de un animal faldero que no por apoyarse a dormir en tus rodillas deja de ser útil a la hora del sexo y totalmente acertado cuando se necesita oír una palabra dura, una tonta frase que preferirás olvidar luego o la simple charla poco trascendental sobre la vida cotidiana. A estos es a los que podríamos definir onomatopéyicamente con un pumpum muy fuerte en el pecho, en el que se conjuga el deseo eterno e insaciable, la gloria de la buena compañía y la rica comida. Para mí, el amor siempre estará asociado con el apetito.<br><br>Y bueno, el apetecible es aquel al que deseas tener como tu pareja (lo que no quiere decir que lo vayas a torturar con escenitas de celos o litros de miel de raspadura). Es solo un gran amigo con el que puedes tener sexo y charlar sin miedo.<br><br>Como podrán suponer, escasean los ejemplares de esta última variedad. Tal parece que el cruce entre antagonistas causó mulas y estos superotros se han quedado en el intento de multiplicarse.<br><br>Lástima, parece que yo ya llegué tarde.]]></description><pubDate>Sat, 15 Oct 2005 06:53:00 +0000</pubDate></item><item><title>No estoy de humor para escribir nada nuevo</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101401-no-estoy-de-humor-para-escribir-nada-nuevo.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101401-no-estoy-de-humor-para-escribir-nada-nuevo.php</guid><description><![CDATA[He vuelto con mi amante. ¿En qué términos? En términos de nada serio. Mmm... pendeja, ¿no? Pero ya no aguantaba las ganas de verlo. Solo amigos, ¿entiendes? Y amigos el primer cuarto de hora. Pero ya ni modo. Por lo menos se me ha pasado la angustia de pensar que no lo volvería a ver y quizá<br><br>Es en serio, nada serio. Me he cansado de contarme el cuento del novio con todo el peso de esa palabra. Yo no quiero más que charlar con él cuando necesito alguien con quien hablar y tener sexo plagado de imaginación y violencia cada vez que se pueda.<br>Pero nadie entiende el estado que pretendo. <br><br>Versión A: una mujer divorciada y con guagua tiene que ser muy seria y formal. Nada de amantes. Un hombrecito mantenedor y pendejo, con terno de diseñador, hágame la fineza. Para llevar, sí, está bien. Démelo empaquetado, porque tengo que presentarlo a la abuela.<br><br>Versión B: chiii mancita divorciada, le pica el culo y de una es sexo fácil. Eso sí, no te metas en líos, que cargar guagua ajeno no es tu destino, pendejo. <br><br>O sea que de lo que no me libro por nada del mundo es del pendejo.]]></description><pubDate>Fri, 14 Oct 2005 00:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Sollozo incontenible</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101301-sollozo-incontenible.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101301-sollozo-incontenible.php</guid><description><![CDATA[desesperado revoloteo del instante<br>nosotros<br>	los insensatos<br>los alimentados con desvaríos y frustraciones<br>los que nos desvelamos<br>por saber qué hacemos aquí<br>ambicionamos la imperturbabilidad de la montaña<br>y sólo nos pertenece la indecisión de la lágrima<br>pedropiélago te quise<br>			te tuve pedrogota<br>pedrorroca te ansié<br>			y te perdí pedroespuma<br><br><br><br>pedro ya no<br>		tan solo piedra<br>(1)<br><br>Lo lamento. Juré no viciar de huidas literarias este blog. Pero me rindo ante usted, don Efraín, con un estertor agonizante antes de pender de la cadena del higiénico.<br><br>(1) Efraín Jara Idrovo, Sollozo por Pedro Jara, 1977.]]></description><pubDate>Thu, 13 Oct 2005 07:14:00 +0000</pubDate></item><item><title>Ultrajada</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/101201-ultrajada.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/101201-ultrajada.php</guid><description><![CDATA[Anoche fui violada en una intersección desconocida. Eran tres hombres que no podía creer que habían logrado golpearme y apuntar a mi espalda con un arma. Seguramente pensaron que era demasiado poco botín un celular en mal estado y 50 dólares de saldo en el cajero automático.<br><br>Me llevaron a empujones un tramo corto por calles que conocía. Luego me subieron a un auto y perdí la noción de lugar. Solo sentí un nudo que impedía que el aire escapara de mis bronquios. <br><br>Entonces, esa esquina: un muro largo de adobe que se caía y se perdía en la falta de postes de luz. La puerta de metal que chirrió, oxidada, cuando la empujaron con mi cuerpo. Entonces me tiraron sobre un piso que se sentía húmedo y pegajoso, con un pungente olor a aceite quemado.<br><br>Siempre pensé que, en una situación así, me defendería, gritaría, golpearía. Pero me sentí tan sola que no pude. Dejé que me voltearan a patadas, que me arrancaran la ropa sin romperla, que me cargaran en el aire para ultrajarme sin freno.<br><br>Sentí ganas de vomitar al ver esa boca de dientes torcidos y un incisivo roto acercarse a la mía. Solo entonces pude gritar, gritar y llorar, pero la voz se ahogaba en mi asma. Entonces una mano firme me cubrió el rostro y acabó con el rastrojo de mis fuerzas. Sentí su calor lastimándome y las lágrimas que me corrían frías hacia las orejas.<br><br>Cuando terminaron, me levanté, los miré sonreír, recogí mi ropa y me la puse con calma. Luego les rogué que me indicaran como salir hacia la Occidental. Uno de ellos, rompió su sonrisa y me abrió la puerta para que subiera a un auto. Agradecí.<br><br>Al poco rato, la misma mano abrió la puerta y me dejó bajar. Yo caminé en busca de una calle conocida. Reí al darme cuenta de que estaba tan cerca de mi casa. Solté mis brazos, respiré profundo y bajé, bajé, bajé. Al llegar al PAI, solo entré y le dije al hombre en mangas de camisa: Acaban de violarme. Eran tres tipos. No recuerdo sus rostros.<br><br>Y no los recuerdo, no logro recordarlos.]]></description><pubDate>Wed, 12 Oct 2005 07:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>Sabores y conclusiones</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/100501-sabores-y-conclusiones.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/100501-sabores-y-conclusiones.php</guid><description><![CDATA[¿Cada coño sabe diferente o todos tienen el mismo sabor? Tanto me ha intrigado esto, que un día he lanzado la pregunta para ver con que respuesta me podía encontrar. <br><br>Varía todo lo demás: olor, textura, temperatura, jaj. Pero, el sabor, que yo sepa, no varía. Es como lamerse una herida abierta quizá <br><br>O sea que, en esencia, todas las mujeres somos iguales: llevamos una herida abierta entre las piernas.]]></description><pubDate>Wed, 05 Oct 2005 18:59:00 +0000</pubDate></item><item><title>Quito: andina, cat&#xF3;lica.</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/100403-quito-andina-catolica-.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/100403-quito-andina-catolica-.php</guid><description><![CDATA[Lo he dudado. Sí. Lo he deseado y lo he dudado al mismo tiempo. Es magia negra, prohibición, pecado. Es placer inconmensurable, compartido, llameante, sospechoso. Pero esta noche el azar ha destinado nuestros cuerpos a un encuentro sin sentido. La consigna ha sido morir tirando y con una botella en la mano. Ella quizá no esperaba llegar a tanto. Yo sabía que lo haría. Él soñaba, pero no creía.<br><br>Nos hemos deslizado por las calles húmedas de Quito buscando un lugar en que la música nos embriague más que el licor, que consumimos a traguitos breves que quemarían la garganta a no ser por el sabor dulzón, jarabe para la tos, de la Red Bull. Al no encontrar nada abierto en este martes andino y católico de reposo nocturno, la lluvia nos ha conducido en busca de refugio a la cálida suite del primer piso de un edificio de apartamentos, nombre de cuento de hadas, cercano al coloso que días después amparará la clasificación de la Selección a Alemania 2006, con un marco de noveleros bulliciosos y desconocidos.<br><br>Ha sonado Jaco Pastorius, Piazzolla y algo salido del Café del Mar. También se ha  filtrado retazos de Los Crudos, con su aspereza violenta, por las travesuras de una sesión aleatoria que recuerda cada estado de ánimo de la creadora de sus listas. Hemos jugado a improvisar una danza contemporánea ante el silencioso y sonriente único espectador sentado en el piso, rellenando con whisky su vaso meloso. El movimiento ha conducido al contacto y la mirada al deseo. Ella ha parado de golpe frente a mí, su tronco un tanto inclinado, las manos crispadas como si se alejaran de algo que sujetara su cuerpo ansioso de liberación. Le he sonreído y he lamido su cuello de estatua sin que su cuerpo se moviera por aquello. Luego he sentido sus manos abrazando mi cintura en un nuevo impulso traído por el cambio de ritmo al gitanillo de Bebo &amp; Cigala. Hemos girado dos veces y ella me ha besado en la boca con premura. Mis manos se han deslizado por su espalda y han sentido el contorno de sus caderas algo estrechas, mientras ella me penetra con su lengua hasta la garganta y me aprieta contra su cuerpo hasta que nuestros senos se topan.<br><br>Él ha abierto sus labios y ha buscado una posición en que sus jeans dejen de tensarse tanto. Yo he dejado que ella me bese mientras me escurro por debajo de su blusa, zafo su sujetador y acaricio, sin agarrar, sus senos endurecidos y sus pezones erizados. Ella abandona su abrazo solo para librarse de la ropa que cubre su desnudez de no madre. Al mirarla, no puedo evitar que mi lengua roce mis dientes y mi boca succionadora se acerque a la perfección de su pecho. Ella acaricia mi espalda y sé que lo mira calculando sus reacciones. Abro los botones que sujetan su pantalón cuando ella me detiene, me levanta tomando mis manos y procede a retirar mi cinturón metálico para jugar con él hasta que su espalda se marque con desquiciamiento. Luego lo lanza y sus manos tibias levantan mi top desde la cintura y hacia arriba hasta sacarlo. Entonces, me hace voltear y bailar para que mi falda dibuje en el aire piruetas de deseo que alcancen el rostro desconcertado y ansioso de mi hombre, que esta noche también es el suyo.<br><br>Son los brazos conocidos de él los que me atrapan y sus manos las que agarran mis tetitas ansiosas con violencia mientras mi espalda siente su corazón agitado dentro del pecho que se une a ella. Pero mi amiga me desprenderá de sus brazos con una frase simple y ambas nos besaremos el rostro y lameremos los rincones de nuestra cara. Su pantalón ha caído y mis manos acarician sus nalgas a la vez que buscan sus humedales.<br><br>Nuestros cuerpos se deslizan hacia el piso y mi sujetador resbala ya sin nada que lo ate a mi espalda. Quedo sobre ella, arrodillada entre sus piernas abiertas, mientras sus manos toman mis senos y la respiración de él se escucha como risa entrecortada por gemidos de deseo y desconcierto. La beso entre sus pechos y desciendo hasta su ombligo. Bajo lo que resta de ropa interior y mi lengua explora su pelambre y sus mucosas. Ella ríe. Asegura que le hago cosquillas. Tras un minuto de silencio, añade: Como nadie.<br><br>Lo siento parado junto a nosotras. Sé que la mira a los ojos, se que recorre mi espalda con esos ojos de fuego que me excitan. Siento que se para detrás de mí y se arrodilla. Solo levanta mi falda y casi arranca mi braga. Sus dedos se hunden en mi vulva que late y suda en jugos de deseo. Siento su verga dura rozarme encantadoramente y golpearme como para demostrar que puede más que cualquiera. Me penetra con suavidad mientras yo sigo trabajando en el placer de ella que gime y ríe. Él se mueve dentro de mí y su pecho se pega a mi espalda mientras sus manos recorren las caderas que sostengo hasta toparse con mis dedos y enredarse con ellos. Su boca se acerca a mi oreja izquierda y susurra: Basta. <br><br>No puedo contener una carcajada y me separo de él. Me levanto caminando con las piernas abiertas sobre ella, quien acaricia mis pantorrillas cuando paso. Ellos están frente a frente. Se miran, o mejor, él mira su cuerpo y ella sus ojos. Yo me libero de la falda que cae con un murmullo. Ella voltea sus ojos hacia atrás y me descubre. Boticcelli, exclama con una carcajada. Inclino la cabeza y siento mi pelo rozar mis hombros y mi espalda, siento la fuerza de dos miradas. Él se lanza a penetrarla mientras los observo y ella gime un tanto sorprendida. Él levanta las caderas de ella y queda dentro mientras se incorpora y me mira de frente. Sonríe. Linda. Se mueve en mi compañera mientras ella hala mis piernas y me arrastra hasta quedar a horcajadas sobre su boca. Su lengua se mueve rápido y me hace temblar. Él intenta abrazarme, alcanzarme. Me acaricia los senos. Nuestras lenguas se entrelazan en un extraño juego geométrico. <br><br>Él la deja y me levanta. La veo tirada en el piso, desnuda, temblorosa, húmeda. Me dejo levantar por él y arrimar contra la pared, mientras siento que su erección se hunde entre mis pliegues, húmeda de ella. Luego me baja y me coloca en cuatro. La llama por su nombre y ella se para a mi lado. Él hunde sus dedos en la vulva de ella y explica: Mira. Entonces, lubrica con jugos ajenos mi culito que tiembla al contacto con sus dedos y me penetra sin dilación. Recuerdo las palabras de él cuando me rompía por primera vez: Te gustaría que nos vea tu amiga. Te gustaría que nos veo sus amiga. Lo siento entrar y salir por completo varias veces. Me masturbo y puedo sentir con mis dedos, desde dentro, la forma de su pene explorándome. El movimiento se vuelve más fuerte, su respiración se agita, esos gemidos guturales que conozco justo antes de explotar dentro de mí. Ella lo estará mirando, mirando como cierra un poquito los ojos, como me toca, como se muerde un poco los labios y frunce las cejas al momento del orgasmo. Sin resistir más, me desmayo y chorreo en placer inconmensurable, de ese en chorrito continuo que ella afirma envidiar.<br><br>La oigo reír con fuerza cuando retorno de mi azul profundo.]]></description><pubDate>Tue, 04 Oct 2005 23:39:00 +0000</pubDate></item><item><title>Conseguirlo?</title><link>https://phosphorus.blogia.com/2005/100402-conseguirlo-.php</link><guid isPermaLink="true">https://phosphorus.blogia.com/2005/100402-conseguirlo-.php</guid><description><![CDATA[Yo, lo he estado pensando, tengo un problema. Es difícil de definir. Digamos que tengo fijación por el sexo oral. Lo malo de esto es que, cuando el sexo se hace real, se quiebra. Es que si todas las relaciones se basan en el juego erótico que implica la distancia (aún cuando estés cara a cara)... cuando llega el momento de estar en la cama es algo decepcionante.<br><br>Bueno, no exactamente decepcionante, pero al menos como que se acaba, se quiebra. Que puede haber después del sexo si has construido algo sobre el deseo. Yo pienso que antes que nada la fantasía tiene que ser estar con el otro y aprovechar lo que tenga para uno, no necesariamente pretender algo especifico, sentencia el que me escucha. Si uno esta caliente, y los dos se quieren, no importa tardar un mes en aprender uno del otro para hacer las cosas como más les gusten.<br><br>Los dos se quieren". Ese es el problema, que a mí no me quiere ni el perro. Debe ser que no soy tan buena en la cama como con las palabras. El sexo depende de dos personas no de una. Y, en honor a la verdad, debo decir que mi amante es bueno en la cama. Ah, no digamos que increíble... pero bueno. A pesar de ser incapaz de lamerme, es bueno. Pero no creo que él piense lo mismo. El lío está en que va muy a saltos y a brincos. La relación, no el sexo, por si acaso.]]></description><pubDate>Tue, 04 Oct 2005 06:27:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
