Y me lo creía?
¿Han oído esa canción salsera algo cursi que dice buscando cosas viejas, hallé un poema
? Bueno, pues yo limpiaba mi saturado disco de arranque y me he encontrao este adolescente ensayo de 1999. A ver si lo soportan.
Lll
Yo, partamos de eso igual que Descartes. Yo, pero no porque pienso sino porque siento. Y bueno, luego tal vez transformo esa sensación en un pensamiento discursivo para transmitirla o transmitírmela, pero eso ya no soy yo sino un yo socializado que se aleja de mí al bañarse en el lenguaje convencional que lo relaciona con el resto. Sí, no me afirmo sino a mí mismo (...) la única verdad que me es demostrada (...) con pruebas sensibles, comprensibles e intelegibles para mí, la única verdad verdadera, sorprendente, no arbitraria y no sujeta a interpretaciones, soy yo; tal vez Bellegarrigue no haya tenido mucha consistencia en sus posturas políticas o filosóficas, pero sí la tenía respecto a sí mismo. Y es que yo soy porque eso me resulta evidente cuando puedo relacionarme conmigo y con otros, pero soy yo por consecuencia de esas relaciones y no por una esencia única o divina de mi ser (llámese soplo de vida, conciencia, intelecto, poder, voluntad... eso es lo de menos).
No niego que vivamos en sociedad y que esto sea hasta necesario, pues soy un individuo débil y poco robusto, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña (Nietzsche 18). Necesito de la convivencia, la pulsión erótica me acerca al resto, pero no logro resignarme a la castración que implican las normas de convivencia, las máscaras que se me imponen, que no escojo... todo aquello a lo que Keirkegaard se refirió simplemente como lo general, ese espacio del fingimiento, apolíneo porque oculta lo primero: La libertad individual [que] no es bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura (Freud 3037).
¡Pero cómo solucionar este asunto, este sufrimiento que la socialización me impone, la neurosis incurable de la cultura, la angustia que surge de la pugna entre lo general y lo individual! No tengo ni idea. De la formación de una cultura, de ese general que se crea, emana una moral que lo rige y que se concreta en instituciones como el Estado o la Iglesia (con mayúsculas). Esos son los refugios que la historia humana me impone; cientos, miles o millones de procesos dialécticos se dieron hasta alcanzar la situación actual, pero estos no han cesado y ya que la angustia no ha terminado conmigo ni en mí, supongo que deberé al menos inventarme alguna fábula que me convenza de seguir adelante.
Entonces me adentro en el adorable juego de la teorización y defino:
MORAL: normalización homogénea de un conglomerado, consecuencia de los procesos históricos por los que éste ha atravesado, impuesta para posibilitar la convivencia pacífica de los miembros de dicho conglomerado. (caché, ah!)
ÉTICA: conducta positivamente individual, consecuencia de los procesos psicológicos individuales influidos por los histórico-sociales por los que he atravesado, propuesta por mí como individuo para cargar con la moral.
Sí, la moral se me impone a través de las instituciones, con el método, la ley, el camino único por el que deben marchar las cosas; en ella predomina el afán racional sobre las pasiones. La moral es la forma más exaltada y exaltante del intelecto, el punto máximo del fingimiento. Y no cambia mucho cuando la ciencia avanza descubriendo sus verdades escondidas tras los matorrales de la historia; entonces el juego intelectual se pretende realidad comprensible para todos y se crean las normas, se las impone a sangre y fuego y siempre hay quién no se resigna y la sociedad vive al borde de desintegrarse. Las pasiones instintivas son más fuertes que los intereses racionales (Freud 3046)
¿Y la ética? Bueno, no es que se te imponga, pero tampoco es algo que así quisiste y así fue. Los principios freudianos de placer y realidad no pueden dejar de oponerse en ningún caso. Ese yo hedónico al que, del mundo, solo le interesa aquello que le pueda dar placer y que se ve encarcelado por las restricciones que le llegan en su fase totémica y que sigue de tumbo de tumbo por la vida (valga el lugar común) soy yo ahora y es cualquier otro en un momento determinado. Aquí las pasiones luchan por imponerse sobre la racionalidad, pero la necesidad de convivencia las obliga a quedarse en el silencio. Por eso para Kierkegaard son tan importante la angustia, la resignación y el silencio para formar la fe (yo la llamaría ética) y poder confiar en el absurdo. El pobre Sören se quedó castrado, prefirió aceptar las sublimaciones de su amor a tener que embarrarse de lo moral en la imposición de una vida sexual idéntica (...) menoscabada por las restricciones de la legitimidad y de la monogamia (Freud 3042)
La moral no debe ser una imposición que rige lo general de manera uniforme y ha sido emanada arbitrariamente de lo general. Debe ser un ética individual que surja de las contingencias que afectan a cada individuo contingencias, por cierto, irrepetibles, pero similares en un mismo contexto histórico. Por esto son tan importantes los procesos de mediación por los que se crean identidades individuales en constante transfiguración.
Yo, al principio, sufro la mediación de las faldas de mamá, un engendrarme a mí mismo al seguir prendido a los antecesores y a lo que ellos me dijeron o mejor, a lo que interpreté de sus pobres e inútiles palabras. Luego llega el proceso de buscar una diferencia y que lógicamente encuentro, pues han sido distintas las contingencias que a mí me han golpeado: un pararse en la orilla opuesta para criticar sin pena y, por fin, a buscar un equilibrio entre esas dos etapas (algo a lo que pretendería llamar madurez) pero que seguiría identificando con un nuevo antecesor que me ha influido, al que me he unido por la pulsión erótica y al que ha llegado la hora de aniquilar para generar un nuevo cambio en mí que incluso puede terminar con un salto de nuevo junto a él o cómo fuere.
Mas esa aniquilación constante, ese apoderamiento del objeto/sujeto deseado para destruirlo o tal vez recrearlo y recrearme para él o contra él, se ve casi siempre encadenado por la moral de las instituciones, ya ni siquiera de lo general. Porque esas instituciones se van quedando cada vez un paso atrás, no alcanzan el ritmo de la contingencias histórico-sociales y menos aún el de las psicológicas individuales. Y no atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado no habrán de representar más bien protección y bienestar para todos (Freud 3034). Pero los pésimos resultados que hemos obtenido, esos resultados que constituyen una nueva contingencia, nos piden que las dejemos ahí parloteando y terminemos de querer cambiarlas. Total, nunca hemos de llegar a estar completamente contentos con lo que una institución nos pueda dar y, aun cuando lo consiguiéramos, nos quedaría por resolver la tercera fuente de sufrimiento, el amor.
Eliminemos la explotación del hombre por el hombre, combatamos la pretensión brutal del macho que se cree dueño de la hembra, combatamos los prejuicios religiosos, sociales y sexuales, aseguremos a todos, hombres, mujeres y niños, el bienestar y la libertad, propaguemos la instrucción y entonces podremos regocijarnos con razón si no quedan más males que los del amor. En todo caso, los desgraciados en amor podrán procurarse otros goces, pues no sucederá como hoy, en que el amor y el alcohol constituyen los únicos consuelos de la mayor parte de la humanidad (Malatesta).
Y yo, con tanta norma feliz sobre mí, con tantos supuesto universales de felicidad, con tanto nosotros encima, supongo que me he de convertir en un borracho sufridor, inconforme o algo así. La ética no es un conjunto de reglas para obedecer por buenas que éstas parezcan; es la vida cuando se la vive y no antes ni después y cada quién debería decidir cómo la vive y según qué.
Inactivista
P.S. Al releer esto me he dado cuenta de que he concordado todo en masculino, y es que cuando hablo de individuo, no hallo la diferencia entre hombre y mujer.
A ver amiguines si han llegad hasta aquí, mis respetos. Yo lo hubera dejado al tercer párrafo.
La verdad, resulta bastante extraño hallarse con lo que se suponía la esencia de tu vida en teoría cuando han pasado tiempos y se ha vivido la descorchada de la virginidad, el romance prohibido, la bohemia, los amantes variopintos, parir, amamantar y criar, la libresca universidad y la trompeadora vida.
Pero, de todo eso, sí queda algo cierto: fuente de sufrimiento si solución, el amor.
Lll
Yo, partamos de eso igual que Descartes. Yo, pero no porque pienso sino porque siento. Y bueno, luego tal vez transformo esa sensación en un pensamiento discursivo para transmitirla o transmitírmela, pero eso ya no soy yo sino un yo socializado que se aleja de mí al bañarse en el lenguaje convencional que lo relaciona con el resto. Sí, no me afirmo sino a mí mismo (...) la única verdad que me es demostrada (...) con pruebas sensibles, comprensibles e intelegibles para mí, la única verdad verdadera, sorprendente, no arbitraria y no sujeta a interpretaciones, soy yo; tal vez Bellegarrigue no haya tenido mucha consistencia en sus posturas políticas o filosóficas, pero sí la tenía respecto a sí mismo. Y es que yo soy porque eso me resulta evidente cuando puedo relacionarme conmigo y con otros, pero soy yo por consecuencia de esas relaciones y no por una esencia única o divina de mi ser (llámese soplo de vida, conciencia, intelecto, poder, voluntad... eso es lo de menos).
No niego que vivamos en sociedad y que esto sea hasta necesario, pues soy un individuo débil y poco robusto, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña (Nietzsche 18). Necesito de la convivencia, la pulsión erótica me acerca al resto, pero no logro resignarme a la castración que implican las normas de convivencia, las máscaras que se me imponen, que no escojo... todo aquello a lo que Keirkegaard se refirió simplemente como lo general, ese espacio del fingimiento, apolíneo porque oculta lo primero: La libertad individual [que] no es bien de la cultura, pues era máxima antes de toda cultura (Freud 3037).
¡Pero cómo solucionar este asunto, este sufrimiento que la socialización me impone, la neurosis incurable de la cultura, la angustia que surge de la pugna entre lo general y lo individual! No tengo ni idea. De la formación de una cultura, de ese general que se crea, emana una moral que lo rige y que se concreta en instituciones como el Estado o la Iglesia (con mayúsculas). Esos son los refugios que la historia humana me impone; cientos, miles o millones de procesos dialécticos se dieron hasta alcanzar la situación actual, pero estos no han cesado y ya que la angustia no ha terminado conmigo ni en mí, supongo que deberé al menos inventarme alguna fábula que me convenza de seguir adelante.
Entonces me adentro en el adorable juego de la teorización y defino:
MORAL: normalización homogénea de un conglomerado, consecuencia de los procesos históricos por los que éste ha atravesado, impuesta para posibilitar la convivencia pacífica de los miembros de dicho conglomerado. (caché, ah!)
ÉTICA: conducta positivamente individual, consecuencia de los procesos psicológicos individuales influidos por los histórico-sociales por los que he atravesado, propuesta por mí como individuo para cargar con la moral.
Sí, la moral se me impone a través de las instituciones, con el método, la ley, el camino único por el que deben marchar las cosas; en ella predomina el afán racional sobre las pasiones. La moral es la forma más exaltada y exaltante del intelecto, el punto máximo del fingimiento. Y no cambia mucho cuando la ciencia avanza descubriendo sus verdades escondidas tras los matorrales de la historia; entonces el juego intelectual se pretende realidad comprensible para todos y se crean las normas, se las impone a sangre y fuego y siempre hay quién no se resigna y la sociedad vive al borde de desintegrarse. Las pasiones instintivas son más fuertes que los intereses racionales (Freud 3046)
¿Y la ética? Bueno, no es que se te imponga, pero tampoco es algo que así quisiste y así fue. Los principios freudianos de placer y realidad no pueden dejar de oponerse en ningún caso. Ese yo hedónico al que, del mundo, solo le interesa aquello que le pueda dar placer y que se ve encarcelado por las restricciones que le llegan en su fase totémica y que sigue de tumbo de tumbo por la vida (valga el lugar común) soy yo ahora y es cualquier otro en un momento determinado. Aquí las pasiones luchan por imponerse sobre la racionalidad, pero la necesidad de convivencia las obliga a quedarse en el silencio. Por eso para Kierkegaard son tan importante la angustia, la resignación y el silencio para formar la fe (yo la llamaría ética) y poder confiar en el absurdo. El pobre Sören se quedó castrado, prefirió aceptar las sublimaciones de su amor a tener que embarrarse de lo moral en la imposición de una vida sexual idéntica (...) menoscabada por las restricciones de la legitimidad y de la monogamia (Freud 3042)
La moral no debe ser una imposición que rige lo general de manera uniforme y ha sido emanada arbitrariamente de lo general. Debe ser un ética individual que surja de las contingencias que afectan a cada individuo contingencias, por cierto, irrepetibles, pero similares en un mismo contexto histórico. Por esto son tan importantes los procesos de mediación por los que se crean identidades individuales en constante transfiguración.
Yo, al principio, sufro la mediación de las faldas de mamá, un engendrarme a mí mismo al seguir prendido a los antecesores y a lo que ellos me dijeron o mejor, a lo que interpreté de sus pobres e inútiles palabras. Luego llega el proceso de buscar una diferencia y que lógicamente encuentro, pues han sido distintas las contingencias que a mí me han golpeado: un pararse en la orilla opuesta para criticar sin pena y, por fin, a buscar un equilibrio entre esas dos etapas (algo a lo que pretendería llamar madurez) pero que seguiría identificando con un nuevo antecesor que me ha influido, al que me he unido por la pulsión erótica y al que ha llegado la hora de aniquilar para generar un nuevo cambio en mí que incluso puede terminar con un salto de nuevo junto a él o cómo fuere.
Mas esa aniquilación constante, ese apoderamiento del objeto/sujeto deseado para destruirlo o tal vez recrearlo y recrearme para él o contra él, se ve casi siempre encadenado por la moral de las instituciones, ya ni siquiera de lo general. Porque esas instituciones se van quedando cada vez un paso atrás, no alcanzan el ritmo de la contingencias histórico-sociales y menos aún el de las psicológicas individuales. Y no atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado no habrán de representar más bien protección y bienestar para todos (Freud 3034). Pero los pésimos resultados que hemos obtenido, esos resultados que constituyen una nueva contingencia, nos piden que las dejemos ahí parloteando y terminemos de querer cambiarlas. Total, nunca hemos de llegar a estar completamente contentos con lo que una institución nos pueda dar y, aun cuando lo consiguiéramos, nos quedaría por resolver la tercera fuente de sufrimiento, el amor.
Eliminemos la explotación del hombre por el hombre, combatamos la pretensión brutal del macho que se cree dueño de la hembra, combatamos los prejuicios religiosos, sociales y sexuales, aseguremos a todos, hombres, mujeres y niños, el bienestar y la libertad, propaguemos la instrucción y entonces podremos regocijarnos con razón si no quedan más males que los del amor. En todo caso, los desgraciados en amor podrán procurarse otros goces, pues no sucederá como hoy, en que el amor y el alcohol constituyen los únicos consuelos de la mayor parte de la humanidad (Malatesta).
Y yo, con tanta norma feliz sobre mí, con tantos supuesto universales de felicidad, con tanto nosotros encima, supongo que me he de convertir en un borracho sufridor, inconforme o algo así. La ética no es un conjunto de reglas para obedecer por buenas que éstas parezcan; es la vida cuando se la vive y no antes ni después y cada quién debería decidir cómo la vive y según qué.
Inactivista
P.S. Al releer esto me he dado cuenta de que he concordado todo en masculino, y es que cuando hablo de individuo, no hallo la diferencia entre hombre y mujer.
A ver amiguines si han llegad hasta aquí, mis respetos. Yo lo hubera dejado al tercer párrafo.
La verdad, resulta bastante extraño hallarse con lo que se suponía la esencia de tu vida en teoría cuando han pasado tiempos y se ha vivido la descorchada de la virginidad, el romance prohibido, la bohemia, los amantes variopintos, parir, amamantar y criar, la libresca universidad y la trompeadora vida.
Pero, de todo eso, sí queda algo cierto: fuente de sufrimiento si solución, el amor.
1 comentario
nef -
Esta existencia que los hombres hacen
A su final purezaaunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
Aunque a indòmita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado,
Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado
Vengan daga, y corcel, y amor que mate:
Eso es al fin vivir!
J.Martí