Gira Girondo
El lado oscuro del corazón es una película que no he podido ver sacudida del prejuicio intelectualoide cuasi paíssecretiano (o como se pueda decir en referencia a País Secreto y sus extremadamente complicados textos): si algo les gusta a todos, no debe gustarte. Pero, aquí entre nos, a mí sí medio me gustó, a pesar de que a veces se deslice con demasiada impertinencia sobre la poesía.
¿Es en la introducción lo de la vaca y el desdoblamiento? La vi ya hace tanto y con tanta prisa que no la recuerdo muy bien. Pero si es así, a mí me gusta lo onírico introducido en el discurso cinematográfico y la ruptura con el lenguaje lineal que esperas de una obra de la calaña.
Sobre la historia en sí, debo también confesar que el motivo del deseo (en cualquiera de sus formas sublimadas: del amor al odio y la furia en la pasión) me cautiva en el arte. Disfruto lo mismo de Romeo y Julieta que de Del amor y otros demonios, y no puedo dejar de sentir como novela de amor a Pedro Páramo (sobre lo que espero haber convencido a mis lectores de tesis). Lo que lleve dentro la esencia deseante del ser humano,ha ganado mi gracia. El modo cómo lo haga solo fortalecerá o debilitará ese lazo fortuito que mi naturaleza echa sobre tal objeto.
¿Sabes lo que me gustaría ver y no he podido? Tango feroz. Ya sé que es tipicaza, pero yo no la he visto más que en fragmentos, pero estos han logrado estremecer algo en mí.
Pero volviendo a El lado oscuro del corazón y Girondo, que es hacia donde iba cuando me desvíe por los caminos del eros literario... Y antes de volver a marchar por vericuetos de prosas fluidas y versos perfectos, Girondo es aquello que llamaría poesía para leerse en el inodoro. No dejará jamás de agradar a todo el mundo a pesar de que sus imágenes no propongan mucho que ver más allá de lo objetivo. Y debo decir algo más: definitivamente no hay nada mejor que caminar con el trasero a más de metro y medio del suelo todo el tiempo, pero como una cometa: con el hilacho volando detrás y recordando que aunque no se vea, hay un hilo que nos une al suelo, nos guste o no. Si vuelas demasiado suelto, corres el riesgo de hacerte girones y caer irremisciblemente. Pero si te quedas abajo, no sirves de nada.
Para volar, una receta: las palabras. Ya dicen por ahí que lo mejor del sexo es el sexo oral, el que se habla. Porque felaciones y cosas por el estilo serían sexo bucal, aunque el error, por tan difundido, ya haya sido aceptado por todos.
¿Es en la introducción lo de la vaca y el desdoblamiento? La vi ya hace tanto y con tanta prisa que no la recuerdo muy bien. Pero si es así, a mí me gusta lo onírico introducido en el discurso cinematográfico y la ruptura con el lenguaje lineal que esperas de una obra de la calaña.
Sobre la historia en sí, debo también confesar que el motivo del deseo (en cualquiera de sus formas sublimadas: del amor al odio y la furia en la pasión) me cautiva en el arte. Disfruto lo mismo de Romeo y Julieta que de Del amor y otros demonios, y no puedo dejar de sentir como novela de amor a Pedro Páramo (sobre lo que espero haber convencido a mis lectores de tesis). Lo que lleve dentro la esencia deseante del ser humano,ha ganado mi gracia. El modo cómo lo haga solo fortalecerá o debilitará ese lazo fortuito que mi naturaleza echa sobre tal objeto.
¿Sabes lo que me gustaría ver y no he podido? Tango feroz. Ya sé que es tipicaza, pero yo no la he visto más que en fragmentos, pero estos han logrado estremecer algo en mí.
Pero volviendo a El lado oscuro del corazón y Girondo, que es hacia donde iba cuando me desvíe por los caminos del eros literario... Y antes de volver a marchar por vericuetos de prosas fluidas y versos perfectos, Girondo es aquello que llamaría poesía para leerse en el inodoro. No dejará jamás de agradar a todo el mundo a pesar de que sus imágenes no propongan mucho que ver más allá de lo objetivo. Y debo decir algo más: definitivamente no hay nada mejor que caminar con el trasero a más de metro y medio del suelo todo el tiempo, pero como una cometa: con el hilacho volando detrás y recordando que aunque no se vea, hay un hilo que nos une al suelo, nos guste o no. Si vuelas demasiado suelto, corres el riesgo de hacerte girones y caer irremisciblemente. Pero si te quedas abajo, no sirves de nada.
Para volar, una receta: las palabras. Ya dicen por ahí que lo mejor del sexo es el sexo oral, el que se habla. Porque felaciones y cosas por el estilo serían sexo bucal, aunque el error, por tan difundido, ya haya sido aceptado por todos.
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