Familias y especies
Mira: la cosa es química. Yo conozco a alguien y sé qué va a terminar siendo (al menos desde lo que se supone en mi deseo). Puedo vomitar a los diez minutos de soportar su estupidez. Wlac, no vuelvo a verlo. Lo conozco y lo encuentro agradable, gracioso, me la paso bien cuando charlamos. Jaja, cerrará su descripción. A otro puedo verlo y no escuchar sus palabras más que como un eco bajo el agua, mirar sus movimientos en cámara lenta y analizar sus detalles. Mmm, ñami, ñami, si no me acuesto con él en quince días, me declaro minusválida.
Mas esas no son todas las especies catalogadas en mi inventario que divide al mundo en dos grandes familias: cogibles e incogibles. Las primeras dos descritas corresponden al último gran grupo. A los unos hay que aniquilarlos y ya se encargará de eso la naturaleza por su alta estupidez, y a los otros dejarlos como reserva para cuando te sientas demasiado sola, para tener a quien contarle las penas.
Pero la segunda familia, esta de los cogibles, tiene también dos especies bien delimitadas. Acerca de la una se esboza la teoría de que desciende de los Wlac evolucionados favorablemente en su estructura exterior para lograr sobrevivir con el favor de su sin-hueso a pesar de su calidad de vertebrados.
Y la segunda especia de los cogibles incluye a aquellos que rompen el esquema de tres grados de sexualidad y se cree que son fruto de un extraño cruce entre los simpáticos amiguis de reserva y el feroz ñami invertebral. Se trata de un animal faldero que no por apoyarse a dormir en tus rodillas deja de ser útil a la hora del sexo y totalmente acertado cuando se necesita oír una palabra dura, una tonta frase que preferirás olvidar luego o la simple charla poco trascendental sobre la vida cotidiana. A estos es a los que podríamos definir onomatopéyicamente con un pumpum muy fuerte en el pecho, en el que se conjuga el deseo eterno e insaciable, la gloria de la buena compañía y la rica comida. Para mí, el amor siempre estará asociado con el apetito.
Y bueno, el apetecible es aquel al que deseas tener como tu pareja (lo que no quiere decir que lo vayas a torturar con escenitas de celos o litros de miel de raspadura). Es solo un gran amigo con el que puedes tener sexo y charlar sin miedo.
Como podrán suponer, escasean los ejemplares de esta última variedad. Tal parece que el cruce entre antagonistas causó mulas y estos superotros se han quedado en el intento de multiplicarse.
Lástima, parece que yo ya llegué tarde.
Mas esas no son todas las especies catalogadas en mi inventario que divide al mundo en dos grandes familias: cogibles e incogibles. Las primeras dos descritas corresponden al último gran grupo. A los unos hay que aniquilarlos y ya se encargará de eso la naturaleza por su alta estupidez, y a los otros dejarlos como reserva para cuando te sientas demasiado sola, para tener a quien contarle las penas.
Pero la segunda familia, esta de los cogibles, tiene también dos especies bien delimitadas. Acerca de la una se esboza la teoría de que desciende de los Wlac evolucionados favorablemente en su estructura exterior para lograr sobrevivir con el favor de su sin-hueso a pesar de su calidad de vertebrados.
Y la segunda especia de los cogibles incluye a aquellos que rompen el esquema de tres grados de sexualidad y se cree que son fruto de un extraño cruce entre los simpáticos amiguis de reserva y el feroz ñami invertebral. Se trata de un animal faldero que no por apoyarse a dormir en tus rodillas deja de ser útil a la hora del sexo y totalmente acertado cuando se necesita oír una palabra dura, una tonta frase que preferirás olvidar luego o la simple charla poco trascendental sobre la vida cotidiana. A estos es a los que podríamos definir onomatopéyicamente con un pumpum muy fuerte en el pecho, en el que se conjuga el deseo eterno e insaciable, la gloria de la buena compañía y la rica comida. Para mí, el amor siempre estará asociado con el apetito.
Y bueno, el apetecible es aquel al que deseas tener como tu pareja (lo que no quiere decir que lo vayas a torturar con escenitas de celos o litros de miel de raspadura). Es solo un gran amigo con el que puedes tener sexo y charlar sin miedo.
Como podrán suponer, escasean los ejemplares de esta última variedad. Tal parece que el cruce entre antagonistas causó mulas y estos superotros se han quedado en el intento de multiplicarse.
Lástima, parece que yo ya llegué tarde.
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