Tiembla
¿Por qué no puede caminar por el borde permanentemente? ¿Por qué el suspenso le resulta insoportable? Quizá de verdad quiere atarme y destruirme, destruir la libertad que me conduce, la lucha por romper con ese esquema de institución que repelo, pero que me atrapa. ¿No es por eso que me acerco a él? ¿No pretendo destruir la institución que me martiriza con la búsqueda en él del placer que no debería corresponderme? ¿No es él feliz, aunque solo sea en el instante, con el placer que puedo ofrecerle? ¿No disfruta del deseo?
No, él quiere la aniquilación. No renuncia a la cascarita de felicidad y orden de su matrimonio con la condesa, pero quiere poseer ese es el término todo lo que desea. Él es incapaz de aceptar el escurridizo objeto de deseo. Para él es doloroso quedarse con las ganas. Saber que no se debe lo enloquece, pero no hacerlo lo aniquila. Y yo soy la victimaria. Mi gozo no se podrá conseguir jamás sin destruirlo.
Pero cuando él desaparece, mi placer se disuelve y quiero volver a tenerlo respirando con ansiedad a mi lado, rogándome por una migaja de sexo, por tocarme, por mirar mi espalda desnuda y besarla desde arriba. Voy a lamerte No. El freno del blue jean lo detiene. No lo harás. Es tu rostro de ansiedad mirando desde abajo lo que me lleva a la gloria. Tu mandíbula que tiembla, el sudor que recorre tu rostro. Esa gotita que pende de tu oreja. ¿Cómo es posible que sudes tanto si no hemos hecho nada?
Su camisa húmeda se le pega al pecho. Al desabotonarla, las gotitas brillan en su bello con la luz del auto que pasa sin fijarse junto al nuestro. No nos van a ver, me dice. No, no es eso. Es que me gusta desearte sin tenerte, saber que sigues temblando.
No, él quiere la aniquilación. No renuncia a la cascarita de felicidad y orden de su matrimonio con la condesa, pero quiere poseer ese es el término todo lo que desea. Él es incapaz de aceptar el escurridizo objeto de deseo. Para él es doloroso quedarse con las ganas. Saber que no se debe lo enloquece, pero no hacerlo lo aniquila. Y yo soy la victimaria. Mi gozo no se podrá conseguir jamás sin destruirlo.
Pero cuando él desaparece, mi placer se disuelve y quiero volver a tenerlo respirando con ansiedad a mi lado, rogándome por una migaja de sexo, por tocarme, por mirar mi espalda desnuda y besarla desde arriba. Voy a lamerte No. El freno del blue jean lo detiene. No lo harás. Es tu rostro de ansiedad mirando desde abajo lo que me lleva a la gloria. Tu mandíbula que tiembla, el sudor que recorre tu rostro. Esa gotita que pende de tu oreja. ¿Cómo es posible que sudes tanto si no hemos hecho nada?
Su camisa húmeda se le pega al pecho. Al desabotonarla, las gotitas brillan en su bello con la luz del auto que pasa sin fijarse junto al nuestro. No nos van a ver, me dice. No, no es eso. Es que me gusta desearte sin tenerte, saber que sigues temblando.
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