Aún logro escucharte, alarma.
Aunque parezca extraño, el hombre que siento más cerca de mí se encuentra a miles de kilómetros o varias horas en avión. Buenos Aires, te envidio. Lo tienes dentro de ti
Pero lo más extraño de todo es que con él, creo, es con el único hombre con el que sueño más en el abarzo de después que en el sexo. Él dice que es porque entre nosotros nunca habría sexo, sino que haríamos el amor. Pero empieza a sonar una alarma: ups, me estoy poniendo cursi. Cuidado, yo no soy de las que se enamora (y mucho menos por internet).
Nunca hemos hecho el amor ni tampoco hemos tenido sexo. Una buena jornada de besos y caricias sí. Pero no sexo. Sin embargo, quiero su cuerpo en mi cama. Quiero sentirlo cerca de nuevo. ¡Hace tanto que lo tuve aquí!
Talvez entonces era muy niña y tenía un poco de miedo. ¡Podía ser un asesino serial! O solo temía enamorarme a sabiendas se que se marcharía. Sea lo que sea, aún siento sus manos en mi cuerpo, su boca recorriendo mi cuello, su lengua nadando en mis rincones. Puedo sentirlo, tocarlo, olerlo No sé que ropa llevaba puesta ese día. Pero sí tengo aquí en mi memoria su olor indefinible: aletea en mi nariz con el recuerdo. Entra en mí y me hace sentir algo así como un escalofrío de placer. Olía tan rico, tan limpio.
Tal vez era algo del instinto en mis entonces virginales sentidos: ese olor limpio-sucio que solo te deja el haber hecho gustoso algún gran esfuerzo físico. Entonces habíamos caminado largo rato bajo el sol que se alzaba hasta el mediodía. Y algún día, algún día, sentiré ese mismo olor en mis sábanas y sentiré su cuerpo desnudo rozando el mío.
Mañana tomaré un helado de dulce de leche. Y quizá, solo quizá, busque un hombre con quien tener sexo.
Pero lo más extraño de todo es que con él, creo, es con el único hombre con el que sueño más en el abarzo de después que en el sexo. Él dice que es porque entre nosotros nunca habría sexo, sino que haríamos el amor. Pero empieza a sonar una alarma: ups, me estoy poniendo cursi. Cuidado, yo no soy de las que se enamora (y mucho menos por internet).
Nunca hemos hecho el amor ni tampoco hemos tenido sexo. Una buena jornada de besos y caricias sí. Pero no sexo. Sin embargo, quiero su cuerpo en mi cama. Quiero sentirlo cerca de nuevo. ¡Hace tanto que lo tuve aquí!
Talvez entonces era muy niña y tenía un poco de miedo. ¡Podía ser un asesino serial! O solo temía enamorarme a sabiendas se que se marcharía. Sea lo que sea, aún siento sus manos en mi cuerpo, su boca recorriendo mi cuello, su lengua nadando en mis rincones. Puedo sentirlo, tocarlo, olerlo No sé que ropa llevaba puesta ese día. Pero sí tengo aquí en mi memoria su olor indefinible: aletea en mi nariz con el recuerdo. Entra en mí y me hace sentir algo así como un escalofrío de placer. Olía tan rico, tan limpio.
Tal vez era algo del instinto en mis entonces virginales sentidos: ese olor limpio-sucio que solo te deja el haber hecho gustoso algún gran esfuerzo físico. Entonces habíamos caminado largo rato bajo el sol que se alzaba hasta el mediodía. Y algún día, algún día, sentiré ese mismo olor en mis sábanas y sentiré su cuerpo desnudo rozando el mío.
Mañana tomaré un helado de dulce de leche. Y quizá, solo quizá, busque un hombre con quien tener sexo.
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