Equis
Dejas que te mire y me extasíe en tu deseo, hasta que no resisto más la tentación y debo arrodillarme junto a ti para sentirte con mi boca palpitante, para que mi lengua empiece por rozarte la puntita y tu pija crezca para hundirse entre mis labios. Seguir chupando hasta obtener mi recompensa, succionarte mientras mi lengua le da vueltas
Pero me empujas con violencia y me tiras sobre la cama. Seguramente lo has pensado muchas noches soñando despierto en mi cuerpo y mi deseo. Por eso te has desnudado en espectáculo sexual y has trabajado mi ansiedad con tu imagen viril.
Abres un cajón y tomas sogas rudas, gruesas, viejas Me atas y no soy ya más que una equis a tu servicio sobre la cama, mis brazos y piernas bien estirados para que me domines y me destroces. Te dejo hacer con la promesa de que me comerás la concha hasta la muerte antes de penetrarme con violencia. Es un juego cómplice de placeres.
Lames y cumples. Primero, chupas a full mis tetas. Después me la chupas a muerte. Juegas con placer provocador. Me pruebas apenas, me miras, aprietas mis pezones hasta causar dolor . Ahora ya tu lengua se sumerge en mí, entra y sale no resisto más y tú lo sabes: me la muerdes. Grito de placer y te veo dichoso sobre mí, listo para penetrarme con mucha violencia, hasta el fondo, sin contemplaciones. Siento como tu pelvis se estrella con la mía y me tocas adentro, adentro con tu verga. Golpeteo que no cesa, me tienes a full, completamente inmóvil, inútil. Recostado sobre mí, absolutamente tradicional y único al mismo tiempo.
Acabas con un gemido que me acompaña como un eco de los míos. Descansas y fijas tus ojos en los mis pupila brillantes y temblorosas. Ríes y me abandonas. Luego vuelves y me pegas en los senos. No tengo conciencia de qué usas; delgado seudolátigo produce un ardor extraño en mis pezones erectos por el puro placer. Te montas sobre mí y dejas que te chupe nuevamente. Tus movimientos que presiento más que veo parecen ser parte de un ritual ansiado. Gozo de tu forma, de tu placer en mi boca. Te riegas sobre mi rostro. Mi piel se eriza al saberte sobre mí, triunfal. Siento, entonces, tus manos y tu cuerpo, tu boca mordisqueándome, tus dedos se resbalan en la humedad de mi entrepierna, se demoran sobre mi clítoris y luego se deslizan para entrar a donde ya has estado y has dejado tu leche mezclada entre mis jugos.
Te mueves cerca de mí, depredador. A veces te acercas y me gusta sentir ese ardor de la presión de tus dedos en mis tetas. Puedo imaginar las marcas que dejas en mi piel con todos los recursos a tu alcance, pero sobre todo con tus manos que estrujan y tus dientes agudos. Gimes mientras me penetras a golpes nuevamente.
Siento mis ataduras tensionarse cuando me sacudes. Terminas por zafarme solo para verme derrotada y darme la vuelta. Entonces no resistes el deseo de romperme por detrás, de entrar en mí por otro lado hasta hacerme sangrar y gritar desesperada de placer. Ya no te queda casi fuerza, pero quieres mirar mi sangre mezclada con tu semen chorrear de mí. Te rindes. Me empujas y me volteas para metérmela en la boca y afobetearme. Sientes mi boca devorarte, mientras cierro los ojos. Devorarte. Succionarte. Lamerte. Morderte. Desesperada mientras me ajustas a ti tomándome del cabello.
Sí así hermosa . Tu grito atraviesa el silencio de la medianoche.
Pero me empujas con violencia y me tiras sobre la cama. Seguramente lo has pensado muchas noches soñando despierto en mi cuerpo y mi deseo. Por eso te has desnudado en espectáculo sexual y has trabajado mi ansiedad con tu imagen viril.
Abres un cajón y tomas sogas rudas, gruesas, viejas Me atas y no soy ya más que una equis a tu servicio sobre la cama, mis brazos y piernas bien estirados para que me domines y me destroces. Te dejo hacer con la promesa de que me comerás la concha hasta la muerte antes de penetrarme con violencia. Es un juego cómplice de placeres.
Lames y cumples. Primero, chupas a full mis tetas. Después me la chupas a muerte. Juegas con placer provocador. Me pruebas apenas, me miras, aprietas mis pezones hasta causar dolor . Ahora ya tu lengua se sumerge en mí, entra y sale no resisto más y tú lo sabes: me la muerdes. Grito de placer y te veo dichoso sobre mí, listo para penetrarme con mucha violencia, hasta el fondo, sin contemplaciones. Siento como tu pelvis se estrella con la mía y me tocas adentro, adentro con tu verga. Golpeteo que no cesa, me tienes a full, completamente inmóvil, inútil. Recostado sobre mí, absolutamente tradicional y único al mismo tiempo.
Acabas con un gemido que me acompaña como un eco de los míos. Descansas y fijas tus ojos en los mis pupila brillantes y temblorosas. Ríes y me abandonas. Luego vuelves y me pegas en los senos. No tengo conciencia de qué usas; delgado seudolátigo produce un ardor extraño en mis pezones erectos por el puro placer. Te montas sobre mí y dejas que te chupe nuevamente. Tus movimientos que presiento más que veo parecen ser parte de un ritual ansiado. Gozo de tu forma, de tu placer en mi boca. Te riegas sobre mi rostro. Mi piel se eriza al saberte sobre mí, triunfal. Siento, entonces, tus manos y tu cuerpo, tu boca mordisqueándome, tus dedos se resbalan en la humedad de mi entrepierna, se demoran sobre mi clítoris y luego se deslizan para entrar a donde ya has estado y has dejado tu leche mezclada entre mis jugos.
Te mueves cerca de mí, depredador. A veces te acercas y me gusta sentir ese ardor de la presión de tus dedos en mis tetas. Puedo imaginar las marcas que dejas en mi piel con todos los recursos a tu alcance, pero sobre todo con tus manos que estrujan y tus dientes agudos. Gimes mientras me penetras a golpes nuevamente.
Siento mis ataduras tensionarse cuando me sacudes. Terminas por zafarme solo para verme derrotada y darme la vuelta. Entonces no resistes el deseo de romperme por detrás, de entrar en mí por otro lado hasta hacerme sangrar y gritar desesperada de placer. Ya no te queda casi fuerza, pero quieres mirar mi sangre mezclada con tu semen chorrear de mí. Te rindes. Me empujas y me volteas para metérmela en la boca y afobetearme. Sientes mi boca devorarte, mientras cierro los ojos. Devorarte. Succionarte. Lamerte. Morderte. Desesperada mientras me ajustas a ti tomándome del cabello.
Sí así hermosa . Tu grito atraviesa el silencio de la medianoche.
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