Cachorro...
Cachorro, ojos de cachorro
olor de inmensidad, gloria. Breve. Eterno. Phosphorus rotunda ha terminado sacrificada en la hoguera en pos de la escisión de transferencia.
Sobre la tabla de sacrificio, el sacerdote pone en alto el puñal con una sola ráfaga que los gatos observan desde lejos. Después de un punto helado, lo baja sin violencia hasta rozar el pecho de la invirgen que gime, que deja correr lágrimas por sus mejillas encallecidas por tanta bofetada.
El hombre es breve, casi alado, en desconsuelo. Revolotean hadas y temblores en torno a su daga, que hiere la carne y la atraviesa, quiebra la dureza del empaque sin derrotas. Retira el arma y mira la sangre que corre algún trecho y cae suspendida en el inventario de su propia historia que ni él ni ella pueden entender en realidad. Se licua en lágrimas y ahora es esencia de victoria y sigue ardiendo. Desde luego no ha triunfado Phos, pues su disección pretende por primera vez en mucho tiempo, la transformación de celdas en líneas, en proyección. La aniquilación se resiste en un nuevo Jesús.
Crucificada, inhala el paraíso de su olor y se apodera de él. Ya no lo tiene como carcelero encadenado ahora se entrega a ese algo que está entre el cuerpo y la gloria, ese algo inexplicable que la transforma al menos en es momento en una cosita verdaderamente fuerte, feliz.
Sobre la tabla de sacrificio, el sacerdote pone en alto el puñal con una sola ráfaga que los gatos observan desde lejos. Después de un punto helado, lo baja sin violencia hasta rozar el pecho de la invirgen que gime, que deja correr lágrimas por sus mejillas encallecidas por tanta bofetada.
El hombre es breve, casi alado, en desconsuelo. Revolotean hadas y temblores en torno a su daga, que hiere la carne y la atraviesa, quiebra la dureza del empaque sin derrotas. Retira el arma y mira la sangre que corre algún trecho y cae suspendida en el inventario de su propia historia que ni él ni ella pueden entender en realidad. Se licua en lágrimas y ahora es esencia de victoria y sigue ardiendo. Desde luego no ha triunfado Phos, pues su disección pretende por primera vez en mucho tiempo, la transformación de celdas en líneas, en proyección. La aniquilación se resiste en un nuevo Jesús.
Crucificada, inhala el paraíso de su olor y se apodera de él. Ya no lo tiene como carcelero encadenado ahora se entrega a ese algo que está entre el cuerpo y la gloria, ese algo inexplicable que la transforma al menos en es momento en una cosita verdaderamente fuerte, feliz.
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