Sonrisa-carcajada
Miro su foto y no acabo de extasiarme, de excitarme, de sentir que me mojo en su recuerdo, en sus rasgos, en sus manos. Si antes era un Adonis paradito en la playa con su cara de niño crecido, hoy es el amante que querría tener entre mis piernas.
No me vas a reconocer, me dijo con el frío lenguaje de las letritas titilantes en la pantalla de la computadora. He cambiado mucho. Y, no, no lo hubiese reconocido. Pero si lo hubiera encontrado caminando por los pasillos de un centro comercial, no habría dudado en provocar el encuentro, habría obviado la pizza y habría llegado directamente a un motel de paso para tener sexo desaforado. Y luego dormir a su lado.
Como frente a ningún amante, frente a él siento esa necesidad de abrazo posorgásmico. Debe ser su sonrisa-carcajada. Su expresión simple que me trastorna, como si el sexo fuera solo una consecuencia accidental y me mirara como queriendo comer mucho salame acompañado de un vaso de vino tinto nunca una copa que toma con esas manos de largos dedos delgados y levanta junto a su cara para reír nuevamente y salpicar unas gotas sobre su remera marrón.
Carcajada y solo frases que no significan, que se diluyen en el aire y se pierden en una vibración que acaricia mi cuerpo. Tiemblan esas palabras como tiemblan mis piernas con esa ausencia-presencia de su recuerdo hoy transformado en camaradería sensual.
Ya estamos viejos, Sebas le digo.
Y pelados me responde con su risa estática en la foto.
No me vas a reconocer, me dijo con el frío lenguaje de las letritas titilantes en la pantalla de la computadora. He cambiado mucho. Y, no, no lo hubiese reconocido. Pero si lo hubiera encontrado caminando por los pasillos de un centro comercial, no habría dudado en provocar el encuentro, habría obviado la pizza y habría llegado directamente a un motel de paso para tener sexo desaforado. Y luego dormir a su lado.
Como frente a ningún amante, frente a él siento esa necesidad de abrazo posorgásmico. Debe ser su sonrisa-carcajada. Su expresión simple que me trastorna, como si el sexo fuera solo una consecuencia accidental y me mirara como queriendo comer mucho salame acompañado de un vaso de vino tinto nunca una copa que toma con esas manos de largos dedos delgados y levanta junto a su cara para reír nuevamente y salpicar unas gotas sobre su remera marrón.
Carcajada y solo frases que no significan, que se diluyen en el aire y se pierden en una vibración que acaricia mi cuerpo. Tiemblan esas palabras como tiemblan mis piernas con esa ausencia-presencia de su recuerdo hoy transformado en camaradería sensual.
Ya estamos viejos, Sebas le digo.
Y pelados me responde con su risa estática en la foto.
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