Azul orgasmo
Para mí, el orgasmo es azul. Sí, azul. Porque el orgasmo está marcado mucho menos por las contracciones vulvo-uterinas que por la sobrecarga de aire en mis pulmones, la necesidad de gemir y un azul oscuro, pero brillante, en mis ojos ciegos por un minuto.
Él, en cambio, asegura que su orgasmo es rosa. Supone que es porque se concentra en el color de las paredes húmedas de la mujer que fricciona, como diría este peque. Pero yo veo en rosa más bien los preliminares. Los besos son rosa, y rosa también son las sonrisas cuando todo ha terminado y te miras con el otro. Pero el orgasmo es más oscuro.
Empieza en ese intenso azul océano inconmensurable, se prolonga en un tono que se parece al de las uvas del país y se va atenuando en una aura lila en el contorno de los objetos que vuelven a aparecer hasta desaparecer de nuevo en un entorno totalmente blanco alrededor del cuerpo de la pareja, único objetivo de la vista.
Él, en cambio, asegura que su orgasmo es rosa. Supone que es porque se concentra en el color de las paredes húmedas de la mujer que fricciona, como diría este peque. Pero yo veo en rosa más bien los preliminares. Los besos son rosa, y rosa también son las sonrisas cuando todo ha terminado y te miras con el otro. Pero el orgasmo es más oscuro.
Empieza en ese intenso azul océano inconmensurable, se prolonga en un tono que se parece al de las uvas del país y se va atenuando en una aura lila en el contorno de los objetos que vuelven a aparecer hasta desaparecer de nuevo en un entorno totalmente blanco alrededor del cuerpo de la pareja, único objetivo de la vista.
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