Florecita!
Buenos días, Florecita. Pequeña zorra desabrida. Es la una de la mañana y voy a matarte. Debí haberlo hecho antes, cuando sentí el primer impulso de escupirte en la cara. Botarte de un empujón contra la pared, agarrarte del pelo y golpearte contra el muro de la ciudad, una, dos, tres veces. Tu carita de mosca muerta hinchándose y reventando en chasquidos de sangre y huesos rotos. Una, dos, tres veces, zorrita. Al piso, de rodillas.
¿Te gustan mis botas? Míralas. De mil batallas, siente. No te mueves. De aquí no sales viva, zorrita, pequeña Florecita. Atacaste donde no debías. Te soporté en mi mesa, en mi casa, en mi baño. Podrida, podriste todo lo que alcanzaste. Pero no se hace daño y no se paga, bonita. Mataste, ofendiste, humillaste. Ahora te toca morir, inmunda, ahogándote en tu sangre.
¿Quieres que tu nuevo novio venga a verte? ¿Quieres que se masturbe al frente mientras te golpeo hasta la sangre? Puedo buscarlo. Y antes de que termine, cortar de un tajo y dejar que se desangre. Pero no, pobre, pobre pendejo en tus redes, zorrita. La muerte le vendrá sola y es mejor que yo no lo conozca porque un asesinato es suficiente en mi conciencia. Y ahora, yo tengo que matarte.
Muerde el bordillo, hija de puta, puta hija de puta. Sonríe, deja que mire tu colmillo recién acomodado, Florecita. Deja que salte cuando patee tu nuca y zafe tu mandíbula. Clash, sangre en la acera. Y colmillito blanco volando. Voltéate y deja que te siga golpeando y golpeando hasta que el ruido húmedo y el calor de la sangre filtrándose a mis medias me obliguen a vomitar.
Muerto has, zorra maldita. Desaparece.
¿Te gustan mis botas? Míralas. De mil batallas, siente. No te mueves. De aquí no sales viva, zorrita, pequeña Florecita. Atacaste donde no debías. Te soporté en mi mesa, en mi casa, en mi baño. Podrida, podriste todo lo que alcanzaste. Pero no se hace daño y no se paga, bonita. Mataste, ofendiste, humillaste. Ahora te toca morir, inmunda, ahogándote en tu sangre.
¿Quieres que tu nuevo novio venga a verte? ¿Quieres que se masturbe al frente mientras te golpeo hasta la sangre? Puedo buscarlo. Y antes de que termine, cortar de un tajo y dejar que se desangre. Pero no, pobre, pobre pendejo en tus redes, zorrita. La muerte le vendrá sola y es mejor que yo no lo conozca porque un asesinato es suficiente en mi conciencia. Y ahora, yo tengo que matarte.
Muerde el bordillo, hija de puta, puta hija de puta. Sonríe, deja que mire tu colmillo recién acomodado, Florecita. Deja que salte cuando patee tu nuca y zafe tu mandíbula. Clash, sangre en la acera. Y colmillito blanco volando. Voltéate y deja que te siga golpeando y golpeando hasta que el ruido húmedo y el calor de la sangre filtrándose a mis medias me obliguen a vomitar.
Muerto has, zorra maldita. Desaparece.
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