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phosphorus

inútil

Definitivamente soy solo un hueco para todos los hombres. Debe ser que me lo tengo merecido, que nada en mí vale aparte de eso, que para lo único que ellos me ven útil es para culear y solo se acuerdan de mí después de la medianoche y con tragos encima.

Cómo mierda es posible que siga buscándolo a pesar de saber que solo voy a conseguir que me bote nuevamente al fango y juegue a hundirme en él. ¿No dicen que soy un tipa inteligente? ¿O es esa la manera de decir putita para los viejos? Solo soy una imbécil con algo de masoquista. Y ahora grito con el silencioso teclear sobre mi computadora y me enfurezco al punto de sentir mi mandíbula temblando. Pero sé que mañana tomaré el teléfono, marcaré su número para que me ignore nuevamente y dejaré un mensaje: “Necesito hablar contigo. Llámame”. Y no va a llamar, al menos no lo hará hasta que tenga la verga parada y ni una mujerzuela cerca para tirársela. Entonces pretenderá que corra y le abra las piernas. Yo me sentiré furiosa nuevamente, pero no haré más que quizá esbozar una mueca y responderle con una queja de la que él se burlará.

Bastaba con que contestara una llamada, con que se preocupara de saber que era lo que había querido. Y yo pensé que lo encontraría viendo la tele, pensando que no podríamos vernos, triste por no poder estar más cerca de mí. Es que, ¿sabes cuál es el problema, mi problema? Agarro el bagazo que encuentro en cualquier lado y pretendo hacer de él un personaje de historieta romántica y me enamoro de ese personaje. Me cuento tantas veces esa historia que acabo por creérmela. Me doy cuenta de lo estúpido que es eso y pretendo eliminar la asquerosa ternura reduciendo toda perspectiva al sexo bruto, sin más: coito y punto.

Entonces, es obvio, termino perdiendo como siempre. Perderé el poco camino recorrido en conocer a la caña de desecho con la que me he topado por la calle; pederé al personaje que me he creado sobre su estopa; perderé la vida un día de estos en que la furia se haga tanta que en lugar de chorrear gotitas de sangre de mi mano por las tachuelas que he clavado, saltará sangre a borbotones por mi yugular.

Ay, Honey Pie, golpéalo. Una vez prometiste que lo harías si sabías que me hacía daño.

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