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phosphorus

Monstruoso

Una vez, tuve una oportunidad. Y otra, otra. Pero siempre las echo a perder. Nadie sabe decirme por qué, ni yo lo he entendido aún. La respuesta más cercana a una explicación ha sido que asusto.

Soy una especie de Frankistein. No, más bien de Drácula, que al principio puede tener su atractivo extraño, pero que resulta ser aniquilador. Un Drácula de Coppola. Con quevedos azules y todo. Pero de mí no se enamora nadie ni yo me he enamorado nunca.

Podría simplemente echarle la culpa a la mala suerte, pero no sería cierto.

Hipótesis para la resolución del problema de la inamable:
1. 1,80 m en un país en el que el promedio es 1,60 m era un buen pretexto en la adolescencia. Ahora, no jodas que no es eso.
2. Los hombres son unos ciegos. Gracias, amigo, pero mi etapa narcisista ya pasó.
3. Hay que ser más femenina. ¡Coño! Mujer no tiene porque ser sinónimo de mosca muerta con un embarrón de sesos y amplia memoria para números telefónicos y marcas de maquillaje. Mujer es simplemente sinónimo de coño.
4. Demasiado perra. Votaría a favor, sobre todo en un mundo como este. Andar siempre en el borde no le resulta muy atractivo a la mayoría. ¿Por qué? Respóndeme tú, porque a mí me gusta.

En todo caso, debo admitir que, aunque el hombre no resulte algo imprescindible, sí suele ser un poco triste sentirse permanentemente asechada como perra en celo, pero nunca amada como Julieta de balcón.

3 comentarios

nef -

Quuiero disculparme por haber utilizado en la primera línea del comentario anterior el término "mujeres". Creo que tenía en la cabeza las palabras de la autora del blog y eso me llevó a restringir mi apreciación exclusivamente al sexo femenino. Léase "personas". Gracias.

nef -

Silvio Rodríguez dice en una de sus canciones que "la angustia es el precio de ser uno mismo", y estoy muy de acuerdo con él en eso. Ya en alguna ocasión recuerdo haber pensado algo parecido. Yo creo que los hombres y mujeres comunes (común: corriente, frecuente, admitido como normal por la mayoría) tienen más afinidad entre ellos. En cambio, las personas que se destacan por su forma de parecer o de ser deben hacer un esfuerzo mayor o sufrir una espera más larga para encontrar una pareja con la cual la afinidad o química supere más de un aspecto (como el sexual) en la relación.

nef -

A eso se suma el hecho de que aquellas mujeres que viven su sexualidad a plenitud -ojo que no quiero usar aquí los términos normal o anormal ya que puedo yo mismo llegar a la conclusión de que las mujeres comúnes son las anormales- suelen encontrar con más frecuencia parejas donde esa sexualidad se toma como puneto de partida. Y creo que ese cimiento suele ser el más frágil que podemos usar para intentar cimentar una relación de largo alcance.
Recuerdo claramente que mi primer matrimonio tenía esa peculiar característica: fuerte atracción física, un nivel de sexualidad extremo hasta el punto de lacerar los genitales, y nada más. Y es ese "nada más" el que a la larga fecundó la devacle.
Si se parte de la premisa de que en mis opiniones puede haber algo de razón, se podrían discutir muchas teorías hacerca las opciones disponibles para armar una relación de largo plazo. Pero si ni yo mismo puedo apoyarme poniendo con entera confianza mis manos sobre el fuego, dudo que alguien más lo haga. Sin embargo, escucho.