Fuego
Para mí, el fuego es un placer concupiscente. Conforta, permite que me evada, que me sumerja en una sensación hiriente que hace olvidar cualquier otro dolor.
Más que el fuego, deberé decir la parafina. Me gusta encender una vela cuando no soporto más la rabia y el dolor. La enciendo, la miro y la inclino sobre mi piel desnuda hasta causarme heridas físicas. Cada gota de cera que marca mi piel con un lamparón enrojecido al mismo tiempo va guardando esa misma piel de un nuevo dolor. Pasada la mitad de la vela, las marcas en la piel son aún más rojas, pero ya no arden. La llama puede acercarse, lamerme y no causará daño. Protege mi piel la blanca capa fina de cera que se vuelve líquida otra vez y chorrea como si entonces fuera la lágrima ausente de mis ojos.
Cuando la vela se acaba, y la cera se enfría, hay una cálida sensación de resaca en mi piel. El dolor ha sido intenso, pero, al retirar la parafina, la superficie se siente tersa y tibia.
Más que el fuego, deberé decir la parafina. Me gusta encender una vela cuando no soporto más la rabia y el dolor. La enciendo, la miro y la inclino sobre mi piel desnuda hasta causarme heridas físicas. Cada gota de cera que marca mi piel con un lamparón enrojecido al mismo tiempo va guardando esa misma piel de un nuevo dolor. Pasada la mitad de la vela, las marcas en la piel son aún más rojas, pero ya no arden. La llama puede acercarse, lamerme y no causará daño. Protege mi piel la blanca capa fina de cera que se vuelve líquida otra vez y chorrea como si entonces fuera la lágrima ausente de mis ojos.
Cuando la vela se acaba, y la cera se enfría, hay una cálida sensación de resaca en mi piel. El dolor ha sido intenso, pero, al retirar la parafina, la superficie se siente tersa y tibia.
2 comentarios
nef -
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Una pareja con quien disfruté de este tipo de postre, me solicitó encarecidamente que no utilice el producto a la temperatura a la que se encontraba al sacarlo del refrigerador. Si les llega a ocurrir, recuerden retirar la tapa grande azul antes de ponerlo en el microondas, para evitar un susto que puede entorpecer el romance. Cuando es mi compañera quien lo utiliza en mi cuerpo yo prefiero (inclusive sobre mi pene) sentir la dura frialdad como antesala del contrastante ardor de la lengua. Como ven, es cuestión de gustos.
Sólo me falta agregar que yo veo que nuestros cuerpos latinos, al no tener su piel tan blanca, se prestan de forma magnífica como fondos a los muy variados diseños que se pueden crear con el pálido color de la leche condensada. No hace falta ser artista.