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phosphorus

Ritual

Cada día, antes de acostarme, me toco el rostro, recorro la nariz desde la punta hasta el centro de las cejas con las yemas de mis dedos. Luego contorneo mis ojos, acaricio mis mejilla, juego con mis orejas tan sensibles al tacto. Río. Llevo mis manos hacia el cuello y descienden débiles hasta mis pechos, mi vientre, mis piernas. Me encojo sobre ellas y hundo mi rostro entre las rodillas.

Entonces, me reconozco hermosa en medio de la imperfección. Río y lloro. Vuelvo a llorar y río de una vez. Alzo los brazos en silencio y clamo. No sé a quién ni qué, pero ruego por algo, me lamento, me arranco la piel, hago saltar los ojos de sus cuencas, hundo mis manos en las entrañas que ya no me pertenecen y las lanzo lejos y sin tregua hasta quedar vacía de mí. Las rocío con gasolina y las enciendo. Parada en la distancia, veo como se acaban con simpáticos crujidos y un olor de mollejitas asadas como las de la esquina. De vez en cuando chisporrotea la grasa o el fuego gime sobre el agua.

Mas yo no voy a creer que es porque hay algo que vale la pena salvar. Solo una certeza logrará que regrese a la cama y me mantenga allí hasta el amanecer, con las cuencas de mis ojos vacías y mi abdomen hueco: voy a morir un día.

1 comentario

nef -

Al leerte hablando del olor de tus mollejitas asadas, me viene a la memoria la historia de un japonesito que se comio a su novia por el simple hecho de que quería llevarla por siempre dentro de sí. Conozco a un par de personas a las que quisiera tener siempre conmigo, pero no he contemplado la posibilidad de devorarlas. Alguna vez pasó por mi mente esa idea, pero en el sentido totalmente opuesto. Siguiendo el mismisimo estilo del Dr. Lecter, hubiese, con mucho agrado, sazonado, cocinado, degullido y disfrutado, alguna de las visceras de ciertas personas que me provocaban sentimientos de repulsión y resentimiento.
Me pregunto a que sabrán tus mollejitas asadas. Cuantas veces habremos querido "comernos" a alguien, por amor o por odio?