Acuérdate de mí
Acuérdate de mí, Precioso. Como una amante bastante buena, bonita, pero tonta. Talvez algo ridícula. Pero es que prefiero no herirme más profundo, huir para salvarme.
Después de mi orgasmo múltiple, te has quedado dormido a mi lado y he podido recorrerte palmo a palmo. He reconocido pedacitos, los he fijado en mi mente con tanta concentración como fijaba los nombres de las hoyas de la cordillera de los Andes en cuarto grado. He pensado, entonces, y unas pocas lágrimas han resbalado por mis mejillas sin que lo notaras. No eres diferente, otra vez me equivoqué y tiré las armas ante el enemigo.
Tú, como todos, quieres tenerme de piernas abiertas cuando se te antoje. No es necesario hablar, el erotismo se anula cuando te encuentro desnudo y mirando la TV. Yo había pensado todo el día en qué ponerme, traía lencería fina y medias de seda, zapatos de raso con tacones altos y el mantón español de mi madre. Habiá perfumado mi cabello con romero. Te has fijado, pero no has seguido el juego. Solo has buscado meterte en la cama y meterme a tu lado, quitarme la ropa sin detenerte a mirarla. Soy tu amante de un rato: ya los dos lo sabemos.
Buen sexo. Por un lado, por otro, bastante tradicional en realidad, pero bueno. Nada extraordinario a pesar del multiorgasmo. Creo que yo preferiré recordarte acariciando mi cabeza en un parque a las 11 de la mañana a en esa habitación tuya, regada de placer, usada, culeada, cogida y tirada.
Tú, recuérdame como quieras.
Tienes unas manos hermosas, unos ojitos de montaña en verano y una boca sedienta. Tu cabello huele más que tu cuerpo. Traes barba crecida y vello en el pecho, pero has rasurado tu pubis; solo unos pelitos cortos intentan volver a ganar su espacio. Tus manos me encantan, sí, y hemos tenido sexo un par de veces. Nunca bailamos ni comimos juntos. Mucho menos nos lavamos los dientes frente al otro.
Tango, Óscar, la matrícula, el vuelo.
Extrañaré las operaciones aeroportuarias a través del teléfono. También extrañaré sentir vibrar mi celular a las tres de la mañana para descubrir un mensaje que anuncia tu erección y fantasea sobre un trío. Me pregunto como piensas batirte con dos si a la primera te quedas dormido. Pero no importa mi ausencia. Aún te quedan un par de amiguitas. Júntalas para ver como les va. Me lo cuentas, como pana. Así podré masturbarme y escribir algo para el blog.
Ya nada, chico que no lame, solo acuérdate de mí; si sigo tirando contigo terminaré por enamorarme en serio. Ni modo, cuando haya recuperado la coraza, te buscaré para tener sexo desaforado.
Después de mi orgasmo múltiple, te has quedado dormido a mi lado y he podido recorrerte palmo a palmo. He reconocido pedacitos, los he fijado en mi mente con tanta concentración como fijaba los nombres de las hoyas de la cordillera de los Andes en cuarto grado. He pensado, entonces, y unas pocas lágrimas han resbalado por mis mejillas sin que lo notaras. No eres diferente, otra vez me equivoqué y tiré las armas ante el enemigo.
Tú, como todos, quieres tenerme de piernas abiertas cuando se te antoje. No es necesario hablar, el erotismo se anula cuando te encuentro desnudo y mirando la TV. Yo había pensado todo el día en qué ponerme, traía lencería fina y medias de seda, zapatos de raso con tacones altos y el mantón español de mi madre. Habiá perfumado mi cabello con romero. Te has fijado, pero no has seguido el juego. Solo has buscado meterte en la cama y meterme a tu lado, quitarme la ropa sin detenerte a mirarla. Soy tu amante de un rato: ya los dos lo sabemos.
Buen sexo. Por un lado, por otro, bastante tradicional en realidad, pero bueno. Nada extraordinario a pesar del multiorgasmo. Creo que yo preferiré recordarte acariciando mi cabeza en un parque a las 11 de la mañana a en esa habitación tuya, regada de placer, usada, culeada, cogida y tirada.
Tú, recuérdame como quieras.
Tienes unas manos hermosas, unos ojitos de montaña en verano y una boca sedienta. Tu cabello huele más que tu cuerpo. Traes barba crecida y vello en el pecho, pero has rasurado tu pubis; solo unos pelitos cortos intentan volver a ganar su espacio. Tus manos me encantan, sí, y hemos tenido sexo un par de veces. Nunca bailamos ni comimos juntos. Mucho menos nos lavamos los dientes frente al otro.
Tango, Óscar, la matrícula, el vuelo.
Extrañaré las operaciones aeroportuarias a través del teléfono. También extrañaré sentir vibrar mi celular a las tres de la mañana para descubrir un mensaje que anuncia tu erección y fantasea sobre un trío. Me pregunto como piensas batirte con dos si a la primera te quedas dormido. Pero no importa mi ausencia. Aún te quedan un par de amiguitas. Júntalas para ver como les va. Me lo cuentas, como pana. Así podré masturbarme y escribir algo para el blog.
Ya nada, chico que no lame, solo acuérdate de mí; si sigo tirando contigo terminaré por enamorarme en serio. Ni modo, cuando haya recuperado la coraza, te buscaré para tener sexo desaforado.
3 comentarios
nef -
phosphorus -
Pero, en honor a la verdad y al talento del preciosín en la cama, deberé admitir que incluso sin mayor peloteo de calentamiento, si el coito en sí dura lo suficiente, pues igual resulta fascinante, extenuante y mortífero.
Sin embargo, prefiero el juego, el rito.
cómeme si puedes, entonces.
nef -
- Ratoncita, ratoncita
- Desea algo el señor gato ladrón?
- Comerte quiero
- El señor puede comerme cuando guste
- Estas gordita?
- Hasta la punta de mi colita
Dicho esto, la ratoncita echa a correr semidesnuda por la habitación a todo lo que le dan sus hermosas piernas. La persecución en sí no es más que un formalismo que se utiliza como parte de la tradición del juego. Ambos personajes saben de antemano que el gato atrapará finalmente a la exhausta ratoncita y la hará suya repetidas veces, para el deleite de ambos.